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Crisis ministerial en Perú


La inexperiencia de gobierno tanto de los altos miembros del Ejecutivo como del Legislativo, y la inconsistencia de un partido organizado casi en vísperas de las elecciones son las principales fisuras del régimen. Con estos amigos, Toledo no necesita enemigos, comentan los limeños en una salida de humor que explica lo que está pasando dentro del gobierno. Mientras el país está a la espera de las fórmulas de salida a la recesión económica heredada de Fujimori, el gobierno está dedicado a apagar las fogatas de ministros políticos contra ministros no políticos, de comités provinciales cuyos militantes luchan en las calles por las disputas de cargos públicos.
Si a las rencillas internas se añade la atmósfera inquisitorial que todavía prevalece en el Perú, donde cada día amanece la opinión pública con un escándalo político, se tiene la percepción generalizada que dentro del gobierno tiembla la tierra como en el primer día del Génesis por indefinición de metas económicas y la carencia de cuadros profesionales. Temen algunos observadores que la brecha siga ensanchándose entre gobierno y partido y que la pérdida de liderazgo igualmente amplíe su dimensión. Ante este cuadro de inestabilidad nacional los observadores se inclinan por la constitución de mesas de negociación en las que se establezcan agendas de trabajo producto de la concertación entre gobierno y oposición, entre sector público y sector privado, entre sociedad civil y sociedad política, y que de ese entendimiento surja un proyecto nacional de mediano plazo debidamente consensuado.
Una salida así estructurada minimizaría las pugnas dentro de Perú Posible y podría llevar al Perú a la priorización de asuntos económicos fundamentales, así como a las reformas institucionales dentro del Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Fuerzas Armadas, que reclama la opinión pública para conjurar el autoritarismo presidencial, la corrupción de legisladores, jueces y militares. El país no debe seguir viviendo en función del pasado exclusivamente sino que debe afrontar con seriedad y urgencia problemas como el incremento de la producción y las secuelas del desempleo y la economía sumergida. Pero, como arguyen los representantes de la oposición, concertar no consiste en intercambio de saludos ni en programas temporales de empleo a través de obras públicas, sino en estructurar metas como la captación de inversionistas privados en áreas de pleno empleo, que no sean únicamente de minería en lugares lejanos. Como señaló un trabajador en declaraciones a la prensa, los peruanos están hartos de líos de baja politiquería y ansían trabajo estable en empresas privadas.


101 años de Panamá América

 
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