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"Crisis" o reingeniera de poder



Es obvio que las autoridades panameñas no dejan que se filtren muchas noticias sobre las verdaderas intenciones del Presidente para hacer cambios en su gabinete. Pero está claro que los ministros no necesitaban renunciar en "masa" para que el mandatario hiciera uso del derecho que las leyes le otorgan para efectuarlo. Nos preguntamos, ¿qué esconde esta decisión presidencial?
En primer lugar, creemos que se trata de una estrategia gubernamental para consolidar el poder del PRD ante ciertos asuntos que tienen en su calendario "fecha de vencimiento". Por un lado, están los asuntos sin resolver del Ministerio de Salud donde, pese a las voces en contra, jamás el presidente Torrijos dio muestras de entender que esa factura, si no lo hacía el ministro Camilo Alleyne, la pagaría su gobierno. También está el tema de las primarias del Partido Revolucionario Democrático (PRD), donde todos suponen que MT tendrá que definir el candidato de palacio que, según las informaciones confiables que se manejan, se trata del actual ministro de Relaciones Exteriores, Samuel Lewis Navarro. De allí que tendría que renunciar para dedicarse a la política partidista, lo cual mucha falta le hace.
De igual manera, en los temas de seguridad, no pocos sectores del oficialismo se han mostrado francamente preocupados por la activa militancia sindical del SUNTRACS, considerado una amenaza para quienes ven que si no controlan esta dirigencia en la víspera de los inicios de la construcción de las obras del Canal de Panamá, se crearían factores de desestabilización difíciles de contener.
Otros cambios están mucho más identificados con las dificultades para agilizar las estructuras burocráticas en medio del crecimiento inmobiliario, un sector de alto crecimiento económico en donde se han hecho apuestas importantes, pero donde no se ha sabido responder con la celeridad que ha exigido la demanda. Finalmente está la eterna cenicienta del cuento gubernamental: la educación nacional, donde el ministro Cañizales no ha hecho bien su tarea.
No se trata, pues, de una crisis política, sino de una reingeniería de poder del presidente Martín Torrijos a quien se le acaba el tiempo. Y, a pesar que algunos han indicado que posiblemente se trataría sólo de "cambios cosméticos", esto, en caso de darse, sería lamentable, ya que la nación requiere adecuaciones entre sus líderes y las de la sociedad. Ojalá Torrijos sepa aprovechar sus prerrogativas y satisfaga las expectativas que ha creado entre la ciudadanía y la comunidad internacional la renuncia de todo su gabinete.

101 años de Panamá América

 
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