Crisis y pronósticos
En declaraciones realizadas por el Presidente Martinelli el 27 de mayo de 2009 al periódico Capital Financiero este afirmó que “ya se están dando en la economía estadounidense las primeras señales de que la crisis que sufre podría estar terminada a fines de este año”. Esto, que probablemente explica la ausencia de una política gubernamental frente a la crisis, contiene la idea según la que para resolver nuestros problemas solo quedaba esperar y articularse a lo que se consideraba sería una vigorosa recuperación norteamericana. Es así que en dichas declaraciones el Presidente concluyó en “que Panamá tiene la capacidad de montarse en tal recuperación”. Se trata, desgraciadamente, de una visión inexacta, incapaz de guiar al país hacia la solución de sus problemas.
En relación a la salida de la crisis Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía de 2001, afirmó en una conferencia dictada recientemente en Shangai, que la actual recesión en Norteamérica no está de ninguna manera cerca de su final, mientras que Paul Krugman, premio Nobel de economía 2008, así como un número plural de analistas han llegado a la conclusión de que la recuperación será lenta y dolorosa. Hoy sabemos que el crecimiento económico del 3.5% observado en la economía norteamericana durante el tercer trimestre de 2009 se debió significativamente a la intervención pública, la cual operó sobre la base del programa conocido como “Cash for Clunkers”. Más aún, el sonado crecimiento de China, como lo destaca Thomas Palley, está basado en una política que opera gracias a que este país se niega a revaluar su moneda, por lo que más que sumar a la demanda global lo que hace es restar demanda efectiva a otros países en su propio beneficio. Si a esto se suma la resistencia política observada en Estados Unidos en relación a nuevos paquetes de estímulos fiscales, es claro que el contexto económico internacional apunta más hacia el estancamiento que hacia una recuperación vigorosa. La premisa del silogismo presidencial simplemente no existe.
La visión de una rápida recuperación que permitiría volver a los “negocios como de costumbre” obviamente resulta grata para los sectores económicamente dominantes del país, los cuales han logrado elevar sus ganancias disminuyendo la participación de los salarios en el PIB desde el 37.8% en el 2000 a tan solo el 30.0% en el 2008. Sin embargo, este modelo que se basó en las exportaciones a un mercado en expansión, en la construcción de viviendas de lujo y en el crédito fácil para el consumo, sencillamente está agotado. Insistir en el mismo, como lo hacen las actuales autoridades, solo puede llevar al estancamiento económico y a la creciente inequidad social.
La construcción de un nuevo estilo de desarrollo que ponga en su centro el logro de la equidad social y la sostenibilidad ambiental, el cual se base en un poder adquisitivo acrecentado de la población y en la integración solidaria y complementaria es el camino alternativo necesario. Su diseño y puesta en práctica es la responsabilidad de lo sectores populares y nacionalistas.