default

Crónica de un problema anunciado


Federico Guardia, hombre noble e ingeniero ejemplar, solía decirme que la ciudad de Panamá moriría de sed viendo llover. Aquel dictamen, que manifestara con frecuencia quien había fundado el IDAAN en los años sesenta, se está tornando en una realidad cuyas consecuencias serán muy negativas para toda el área que involucra la urbe capitalina.
El pasado sábado 19 de mayo, aparecieron en varios medios locales las declaraciones de Carlos Sánchez, director general del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN), sobre la caducidad de la Planta Potabilizadora de Chilibre y la urgente necesidad de modernizar el sistema que abastece de agua potable a más de 1 millón de personas actualmente. De igual forma, el funcionario mencionó que el incremento en el volumen de suministro - 54 millones de galones en 1975 a 120 hoy día - se había podido lograr sacrificando la calidad del líquido por la cantidad que hoy demanda la principal ciudad panameña. Preocupante declaración que compromete los estándares de salud de nuestro país.
Durante el programa Enfoque del domingo siguiente el ingeniero Dominador Kayser Bazán, segundo vicepresidente de la República, advirtió la posibilidad de un colapso dentro de tan importante servicio público recomendando, al mismo tiempo, su reestructuración inmediata sobre la base de una nueva ley. Esta reforma le daría autonomía administrativa y financiera, además de encausarla dentro de un modelo de gestión combinado entre el Estado y la empresa privada.
Entre las principales metas propuestas a corto plazo el alto funcionario mencionó, en otras, el cobro de 52 millones de balboas que le adeudan a la institución, a la vez que constituir una nueva junta directiva compuesta por representantes de la sociedad civil, ingenieros, sectores de la banca y finanzas, promotores de bienes raíces, la CAPAC, el CONATO, los usuarios y la Contraloría General de la Nación.
El asunto es aún más complejo, pues la infraestructura del sistema tiene fallas muy serias que afectan considerablemente su rendimiento. La ausencia de medidores de consumo, sumado a los desperfectos en las tuberías existentes que generan un gran desperdicio y el desmedido derroche de agua por parte del panameño común, incrementan este problema que día a día se agrava en detrimento de todos los moradores de la ciudad de Panamá.
Las instalaciones actuales de Miraflores y Chilibre - principales abastecedores del líquido a gran parte del área metropolitana de la ciudad de Panamá - no pueden suplir la creciente demanda. Por si fuera poco, ambos montajes tienen sus tomas dentro de los embalses que se emplean para la operación diaria del Canal. Datos estadísticos indican hoy que el consumo humano representa el 5.1% de la capacidad de almacenaje hídrico existente, y que dicho volumen - sumado a la presión constante que sufre la cuenca original - terminará disminuyendo el número de tránsitos disponibles y calados permisibles dentro de la vía en los años por venir.
La progresiva sedimentación, tanto en Gatún como en Alajuela, entorpece la operación de ambas actividades. De igual forma los niveles de contaminación, producto del aumento demográfico en sus inmediaciones y el bajo control sobre las aguas servidas, paulatinamente han desmejorado la calidad de la materia prima que potabilizan las actuales plantas de tratamiento.
Estos dos puntos se ubican dentro de esa gran agenda nacional de temas íntimamente relacionados, asuntos que deberán resolverse con la celeridad y sensatez que demanda la coyuntura donde nos encontramos hoy. (rbermudez@cableonda.net)

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América