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Crónica roja


Hace tiempo ya que vengo analizando si escribo o no del tema. Pero últimamente la verdad es que es demasiado ya. Ver los noticieros de las televisoras, los programas que los anteceden y algunos especiales que semanalmente han empezado a salir, anunciados con una espectacularidad digna de mejor causa, me movieron a tocar el tema.

Cierto es que el país atraviesa una profunda y compleja crisis de criminalidad. La he llegado a comprender mejor ahora que la he podido estudiar y que me propongo llevar al conocimiento ciudadano a nivel nacional para que todos entendamos el país que tenemos, las causas diversas que inciden en la misma y la necesidad de atacarla como un real problema de Estado, sin eludir la responsabilidad que tenemos de dirigir semejante empeño. Pero de allí a aceptar que de la misma se debe lucrar y difundir como “show”, es otra cosa.

Hace unos años cuando visitó al país un mandatario extranjero, en el almuerzo de la Cámara de Comercio salió el tema en la mesa. En ese tiempo comenzaba el género de noticias y programas. Una destacada periodista de uno de los medios confesó que muy a pesar de ella el problema giraba en torno al “rating” y que los anunciantes pautaban mucho y seguido por eso, porque al panameño le gusta comprar violencia. Me sorprendí tanto que me quedó en la cabeza semejante aserto.

Hoy son, para mí, imposibles de ver tales programas, al punto que ya no veo noticias. Simplemente leo los resúmenes que recibo o los periódicos que me interesan leer. Alguien me comentó que el presidente Uribe tuvo grandes diferencias con un grupo televisivo que llevó a la pantalla una muy dura novela sobre carteles de droga. Argumentaba, me dicen, que volvieron a poner a Colombia como el país de los carteles luego del esfuerzo que él ha hecho por darle más seguridad y mejor imagen a Colombia. Buen punto para analizar. La realidad es una cosa, pero la percepción puede ser mayor o menor dependiendo lo que se diga y se proyecte, más que lo que se haga. No es tapar la realidad, sino evitar profanar alrededor de un tema que nos mantiene a todos muy alterados. ¿Queremos colombianizar Panamá a través de los medios? ¿Queremos vender Panamá como un país de prostitutas, homosexuales, curanderos, brujos, abusos de todo tipo, violencia intrafamiliar entre otros de los temas objetos de estos programas?

Hoy la seguridad es prioridad para todos, pero no es sólo tarea del gobierno. ¿Esos anunciantes que pagan por vender violencia y que muchos la han sufrido en sus negocios y personal, no logran entender que son partícipes de todo eso gracias a sus pautas?

No por mi posición entrante opino del tema. Tampoco deseo que se me malinterprete por la vía de la censura. No se trata de eso. Es que simplemente son repugnantes, sin pretender ahora pasar por un santo. Cultivar la violencia, el mal gusto o la ignorancia e incultura no puede ser el país en el que aspiremos a vivir. Pensemos bien las consecuencias, que ya se les va la mano con este delicado asunto de complejas y negativas consecuencias.

101 años de Panamá América

 
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