Crónicas del Canal conquistado
Estas crónicas recogen la larga y sostenida relación entre Panamá y los Estados Unidos; una historia que puede resumirse en dos elementos antagónicos: la intransigencia de una poderosa nación y la lucha de un pequeño país que supo acrecentarse en el tiempo hasta lograr su plena soberanía. Panamá fue perseverante por casi un siglo de aspiraciones y frustraciones; de afirmaciones y negaciones; de esperanzas y desalientos; de avances y retrocesos; en fin, los panameños vivimos angustiosas crónicas de grandes controversias y nunca nos amilanamos gracias a la tenacidad y amor a la Patria.
Por varias décadas aquí existió una política educativa que cuasi marginaba la enseñanza de nuestras relaciones con los Estados Unidos. Esta inconsecuencia curricular fue subsanada en la década del setenta por la concienciación de una política arraigada en la liberación nacional. Sin embargo, de unos años para acá existe un letargo en su docencia secundaria y universitaria. Esto lo digo con la intención de alertar ante la retoma del poder por los que siempre se han opuesto a la consolidación del Estado soberano. Consabido es que nuestra atadura con Colombia se había concebido como estrictamente temporal y no para siempre. Antes de 1903, ya habíamos sostenido varias intentonas separatistas dando fe de que no estábamos dispuestos a seguir subyugados por los colombianos, ni tampoco a liberarnos de ellos para ser una colonia americana.
Pudiera ser que sobre el Canal ya se haya dicho todo en forma abundante. Mas yo escribí mis crónicas por lealtad a mí mismo; tal vez por desahogo. Eso pensé: liberarme de un peso. Sin embargo, creo que ahora me siento impotente frente a hechos que pudieran someternos nuevamente a la potencia. Es probable que mi libro constituya un aporte bibliográfico. ¡Ojalá!. De todas maneras lo escribí en homenaje a los muchos que se ofrendaron para que fuéramos enteramente libres. Mis crónicas se remontan someramente a la época del coloniaje español desde 1513, cuando ya Panamá era el paso obligado de las Américas, continúa hasta que se proclamó la doctrina Monroe, que ha gravitado permanentemente en los panameños, y concluye con temas que aún se debaten en la opinión pública y están por definirse.
Por esta última circunstancia, dejo constancia de haber concluido mi libro el 2 de mayo de 1999, cuando se cumplieron los 41 años de la primera siembra de banderas que desencadenó en el estigma que masacró a Panamá por la gesta enerina del 64, y justamente cuando faltaban siete meses para que el Canal pasase a sus legítimas manos. Con razón podemos decir que hemos conquistado el Canal, pues no nos lo han cedido, de él no hemos renunciado, por él cayeron nuestros mártires y por lealtad a ellos y amor a la Patria ¡seguiremos luchando para conservarlo!.
Por varias décadas aquí existió una política educativa que cuasi marginaba la enseñanza de nuestras relaciones con los Estados Unidos. Esta inconsecuencia curricular fue subsanada en la década del setenta por la concienciación de una política arraigada en la liberación nacional. Sin embargo, de unos años para acá existe un letargo en su docencia secundaria y universitaria. Esto lo digo con la intención de alertar ante la retoma del poder por los que siempre se han opuesto a la consolidación del Estado soberano. Consabido es que nuestra atadura con Colombia se había concebido como estrictamente temporal y no para siempre. Antes de 1903, ya habíamos sostenido varias intentonas separatistas dando fe de que no estábamos dispuestos a seguir subyugados por los colombianos, ni tampoco a liberarnos de ellos para ser una colonia americana.
Pudiera ser que sobre el Canal ya se haya dicho todo en forma abundante. Mas yo escribí mis crónicas por lealtad a mí mismo; tal vez por desahogo. Eso pensé: liberarme de un peso. Sin embargo, creo que ahora me siento impotente frente a hechos que pudieran someternos nuevamente a la potencia. Es probable que mi libro constituya un aporte bibliográfico. ¡Ojalá!. De todas maneras lo escribí en homenaje a los muchos que se ofrendaron para que fuéramos enteramente libres. Mis crónicas se remontan someramente a la época del coloniaje español desde 1513, cuando ya Panamá era el paso obligado de las Américas, continúa hasta que se proclamó la doctrina Monroe, que ha gravitado permanentemente en los panameños, y concluye con temas que aún se debaten en la opinión pública y están por definirse.
Por esta última circunstancia, dejo constancia de haber concluido mi libro el 2 de mayo de 1999, cuando se cumplieron los 41 años de la primera siembra de banderas que desencadenó en el estigma que masacró a Panamá por la gesta enerina del 64, y justamente cuando faltaban siete meses para que el Canal pasase a sus legítimas manos. Con razón podemos decir que hemos conquistado el Canal, pues no nos lo han cedido, de él no hemos renunciado, por él cayeron nuestros mártires y por lealtad a ellos y amor a la Patria ¡seguiremos luchando para conservarlo!.