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Cronología de un controvertido encuentro


En un giro diplomático inesperado, sobre el final del año fuentes vaticanas confirmaron que Juan Pablo II recibiría en "audiencia pastoral" al líder ultraderechista y gobernador austríaco Joerg Haider. El encuentro se concretó el 16 de diciembre último, cuando una delegación encabezada por él mismo e integrada por más de 200 católicos del estado de Carintia (Austria), llegó a Roma con el fin de obsequiarle al Papa un árbol de Navidad. Esta tradición se sigue anualmente para las festividades navideñas, y permite a una comunidad adornar la residencia papal.
En Austria, el partido de la Libertad (del cual Haider constituye su cara más visible), continúa gobernando en coalición con los conservadores del canciller Schuessell. Aunque Haider no integra personalmente el gabinete ni forma parte de la conducción partidaria sigue siendo el referente indiscutido de la ultraderecha local. Incluso, varios ministros de la coalición le responden fielmente. Por ello, su presencia en el Vaticano causó primero un gran desconcierto y luego dio paso a fuertes críticas registradas en el ámbito internacional. Al concederle la audiencia, la Santa Sede tomó distancia del aislamiento que la Unión Europea impuso a las autoridades austríacas por sumar a los ultraderechistas al gobierno. No obstante que el "cordón sanitario" (como lo llamó sarcásticamente la prensa francesa), dispuesto sobre Viena ya fue levantado, nadie recibe a un dirigente que juega insistentemente con comentarios anti-extranjeros, contrarios a los inmigrantes y revisionistas. Por ello, la entrevista fue vista como una concesión inoportuna e incluso peligrosa, y no exenta de implicancias políticas.
Por su parte, el Vaticano hizo grandes esfuerzos por relativizar la importancia del encuentro entre el Pontífice y el gobernador. Antes de la audiencia, el vocero papal Navarro Vals adelantó que Juan Pablo aprovecharía la ocasión para "reclamar respeto por los valores humanos y cristianos". Además, Navarro enfatizó que el regalo de los católicos de Carintia había sido "acordado tres años antes". Los funcionarios encargados del protocolo dispusieron que el fotógrafo oficial no registrara la audiencia, como usualmente se hace.
El diario romano La Repubblica destacó que cuando la delegación se aprestaba a salir, el Papa entregó a Haider una copia del discurso preparado para la Jornada Mundial de la Paz. Allí, hace un emotivo llamado alertando sobre el peligro de las tendencias xenófobas que afectan a Europa, y a favor de la "accoglienza" o cálida recepción de los inmigrantes en los países adoptivos. A pesar de ese gesto, la entrada de Haider al Palacio Apostólico contribuyó a reabrir las heridas de la comunidad judía romana. Su estancia en la ciudad generó concentraciones en la plaza del Risorgimento, donde grupos neonazis celebraron el paso del "Hitler de la Carintia" (como lo apodan). Allí desplegaron con impunidad banderas y emblemas, reiterando frenéticamente el saludo de la mano alzada y los cánticos alusivos al régimen Nazi. De repente, en las calles de la "ciudad eterna" el tiempo pareció retroceder.
Para rechazarlos se empapelaron los muros vecinos a la Plaza de San Pedro, con carteles que decían: "Roma non dimentica" (Roma no olvida). Se aludía así al sufrimiento de los judíos durante la ocupación de la capital, en septiembre de 1943. Los romanos recuerdan que un mes después del arribo de los alemanes, la Gestapo inició la "cacería" de las 12.000 almas de la comunidad hebrea local. Medio siglo después, en el mismo lugar, los comerciantes judíos locales rechazaron la presencia de un político que insensiblemente ha elogiado "la encomiable política laboral del Tercer Reich". Para ello, apagaron las luces de sus negocios; por su parte, el alcalde romano Francesco Rutelli recorrió personalmente la mayoría de las tiendas expresando su solidaridad con la medida.
Las consideraciones que llevaron a la diplomacia papal a arreglar la visita de Haider son difíciles de determinar. Sus efectos, en cambio, resultan evidentemente concretos. Aunque no fue la intención de la audiencia, el gobernador de Carintia salió robustecido del encuentro con el Papa. De repente, volvió a la "superficie" de los medios periodísticos después del total venciendo el ostracismo impuesto sobre él y su movimiento por las democracias europeas. La Unión Europea ha dejado en claro que no hay espacio en la familia comunitaria para incitar irresponsablemente al odio y estigmatizar a las minorías. Lamentablemente, a su paso por Roma Haider abusó de un encuentro de carácter pastoral y aprovechó a renovar su prédica divisiva, esa que resulta tan cara a los "ultras" europeos.

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