Cruda realidad
Cuando pensaba que había superado mi desilusión frente al mediocre esfuerzo de la administración pasada para que se estableciera en nuestro país Intel Corporation - líder mundial en el diseño y producción de semiconductores para computadoras - una reciente visita a Costa Rica revivió aquel viejo desencanto, además de ciertas apreciaciones que intentaré plasmar hoy sucintamente sobre el buen desempeño de ese hermano país centroamericano.
Hace un tiempo atrás tuve la oportunidad de revisar el documento Global Trends 2015, informe en extremo interesante donde se analizó el futuro que le espera al mundo en los próximos 15 años, y que fuera preparado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en conjunto con organizaciones privadas y ciertas universidades de Estados Unidos de América. Algunos de los puntos relevantes del reporte en referencia destacan que los países latinoamericanos gozarán de cierto grado de prosperidad gracias a las alianzas económicas hemisféricas y globales, la revolución informática y una baja dentro de la tasa de nacimientos en la región.
Agregaba el escrito que la liberación dentro de la política de inversiones y la expansión de los tratados de libre comercio -ya sea dentro o fuera del área que nos ocupa- se convertirán en catalizador de crecimiento para Latinoamérica en general. Organizaciones como el MERCOSUR, además de otros mercados regionales y la propuesta ALCA, revitalizarán la generación de empleos y apuntalarán a aquellos gobiernos que decidan llevar a cabo importantes reformas políticas dentro del deficiente contexto socioeconómico que aún prevalece en esta parte del planeta.
Las transformaciones dentro de nuestra área de influencia -especialmente la experimentada por Costa Rica- debieran ser revisadas exhaustivamente y con la seriedad que la situación amerita. Sin embargo, cada vez que menciono el fenómeno tico -verdadero ejemplo a seguir y no los modelos asiáticos, pues sin Canal, puertos ni Zona Libre, en ausencia de un centro financiero y una estructura de servicios como la nuestra hoy ostenta niveles de desarrollo muy superiores a la República de Panamá- me tildan de sectario y radical quienes aún lamentan el fin de la presencia militar norteamericana en suelo istmeño al no poder concebir, simultáneamente y achacándole la culpa de todos los males presentes a lo que ocurrió el 31 de diciembre de 1999, un genuino desarrollo nacional basado en creatividad, trabajo y consecuencia con nuestra vocación histórica.
Las estadísticas no mienten. Con una superficie territorial 1/3 menor que la de nuestro país -además de tener 1 millón de habitantes más que nosotros- Costa Rica reportó el año pasado, a pesar que el colón es moneda fluctuante, un producto interno bruto (PIB) mil dólares superior al de Panamá. Por otra parte, y para que el lector perciba sólo el impacto de Intel Corporation dentro de la economía tica, dicha empresa representó, en ganancias directas al país hermano, 7 veces más dinero (1,500 millones) a los que aportó el Canal a las arcas nacionales durante el mismo período de tiempo.
En la medida que nuestros gobernantes analicen, entiendan y apliquen rápidamente los correctivos, reformas y transformaciones necesarias para amoldarse a esta poderosa dinámica que está cambiando al mundo radicalmente, podremos ocupar un puesto importante a escala regional. Sin embargo, y con mucho pesar, tengo que reconocer la ausencia de un genuino esquema nacional que se amolde a lo antes dicho. Seguimos dando tumbos erráticos mientras Costa Rica perfecciona, día a día, su proyecto de nación.
La prueba final -mezcla agridulce de sensaciones- se produjo en San José cuando me enteré, por boca de dos ministros, que Hewlett Packard -otro titán de la cibernética mundial- está a punto de cerrar un trato para establecer en esa ciudad una operación mayor a la que hoy lleva a cabo Intel Corporation. ¡Qué pena! Allá pensando en grande para el país y su gente, mientras aquí regalamos puertos, mantenemos ociosa nuestra auténtica riqueza junto a toda esa infraestructura latente que, si bien planificada, pudiera sacarnos del lodazal socioeconómico donde nos encontramos hoy.
Recuerda entonces que habrá de parecer interesarte mucho aquella deyección.
Hasta la belleza misma de las mujeres, consuelo del hombre, se desvanecerá para ti. Las verás por la mañana desgreñadas, desencajadas, desprovistas de sus bellos colores y olvidando sobre los muebles parte de sus atractivos. Cesarán de ser diosas para convertirse en pobres seres afligidos de miserias sin gracia. Sentirás por ellas más compasión que deseos. ¡Cuántas veces te asustarás al ver un cocodrilo adormecido en el fondo de la fuente de los placeres!
Tu vida transcurrirá como a la sombra de la muerte, entre el dolor de los cuerpos y de las almas, entre los duelos y la hipocresía que calcula a la cabecera de los agonizantes; la raza humana es un Prometeo desgarrado por los buitres.
Te verás solo en tus tristezas, solo en tus estudios, solo en medio del egoísmo humano. Ni siquiera encontrarás apoyo entre los médicos, que se hacen sorda guerra por interés o por orgullo.
xÚnicamente la conciencia de aliviar males podrá sostenerte en tus fatigas. Piensa mientras estás a tiempo; pero si, indiferente a la fortuna, a los placeres de la juventud; si sabiendo que te verás solo entre las fieras humanas, tienes un alma bastante estoica para satisfacerse con el deber cumplido sin ilusiones; si te juzgas bien pagado con la dicha de una madre, con una cara que sonríe porque ya no padece, o con la paz de un moribundo a quien ocultas la llegada de la muerte; si ansías conocer al hombre, penetrar todo lo trágico de su destino... ¡hazte médico, hijo mío!
Hace un tiempo atrás tuve la oportunidad de revisar el documento Global Trends 2015, informe en extremo interesante donde se analizó el futuro que le espera al mundo en los próximos 15 años, y que fuera preparado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en conjunto con organizaciones privadas y ciertas universidades de Estados Unidos de América. Algunos de los puntos relevantes del reporte en referencia destacan que los países latinoamericanos gozarán de cierto grado de prosperidad gracias a las alianzas económicas hemisféricas y globales, la revolución informática y una baja dentro de la tasa de nacimientos en la región.
Agregaba el escrito que la liberación dentro de la política de inversiones y la expansión de los tratados de libre comercio -ya sea dentro o fuera del área que nos ocupa- se convertirán en catalizador de crecimiento para Latinoamérica en general. Organizaciones como el MERCOSUR, además de otros mercados regionales y la propuesta ALCA, revitalizarán la generación de empleos y apuntalarán a aquellos gobiernos que decidan llevar a cabo importantes reformas políticas dentro del deficiente contexto socioeconómico que aún prevalece en esta parte del planeta.
Las transformaciones dentro de nuestra área de influencia -especialmente la experimentada por Costa Rica- debieran ser revisadas exhaustivamente y con la seriedad que la situación amerita. Sin embargo, cada vez que menciono el fenómeno tico -verdadero ejemplo a seguir y no los modelos asiáticos, pues sin Canal, puertos ni Zona Libre, en ausencia de un centro financiero y una estructura de servicios como la nuestra hoy ostenta niveles de desarrollo muy superiores a la República de Panamá- me tildan de sectario y radical quienes aún lamentan el fin de la presencia militar norteamericana en suelo istmeño al no poder concebir, simultáneamente y achacándole la culpa de todos los males presentes a lo que ocurrió el 31 de diciembre de 1999, un genuino desarrollo nacional basado en creatividad, trabajo y consecuencia con nuestra vocación histórica.
Las estadísticas no mienten. Con una superficie territorial 1/3 menor que la de nuestro país -además de tener 1 millón de habitantes más que nosotros- Costa Rica reportó el año pasado, a pesar que el colón es moneda fluctuante, un producto interno bruto (PIB) mil dólares superior al de Panamá. Por otra parte, y para que el lector perciba sólo el impacto de Intel Corporation dentro de la economía tica, dicha empresa representó, en ganancias directas al país hermano, 7 veces más dinero (1,500 millones) a los que aportó el Canal a las arcas nacionales durante el mismo período de tiempo.
En la medida que nuestros gobernantes analicen, entiendan y apliquen rápidamente los correctivos, reformas y transformaciones necesarias para amoldarse a esta poderosa dinámica que está cambiando al mundo radicalmente, podremos ocupar un puesto importante a escala regional. Sin embargo, y con mucho pesar, tengo que reconocer la ausencia de un genuino esquema nacional que se amolde a lo antes dicho. Seguimos dando tumbos erráticos mientras Costa Rica perfecciona, día a día, su proyecto de nación.
La prueba final -mezcla agridulce de sensaciones- se produjo en San José cuando me enteré, por boca de dos ministros, que Hewlett Packard -otro titán de la cibernética mundial- está a punto de cerrar un trato para establecer en esa ciudad una operación mayor a la que hoy lleva a cabo Intel Corporation. ¡Qué pena! Allá pensando en grande para el país y su gente, mientras aquí regalamos puertos, mantenemos ociosa nuestra auténtica riqueza junto a toda esa infraestructura latente que, si bien planificada, pudiera sacarnos del lodazal socioeconómico donde nos encontramos hoy.
Recuerda entonces que habrá de parecer interesarte mucho aquella deyección.
Hasta la belleza misma de las mujeres, consuelo del hombre, se desvanecerá para ti. Las verás por la mañana desgreñadas, desencajadas, desprovistas de sus bellos colores y olvidando sobre los muebles parte de sus atractivos. Cesarán de ser diosas para convertirse en pobres seres afligidos de miserias sin gracia. Sentirás por ellas más compasión que deseos. ¡Cuántas veces te asustarás al ver un cocodrilo adormecido en el fondo de la fuente de los placeres!
Tu vida transcurrirá como a la sombra de la muerte, entre el dolor de los cuerpos y de las almas, entre los duelos y la hipocresía que calcula a la cabecera de los agonizantes; la raza humana es un Prometeo desgarrado por los buitres.
Te verás solo en tus tristezas, solo en tus estudios, solo en medio del egoísmo humano. Ni siquiera encontrarás apoyo entre los médicos, que se hacen sorda guerra por interés o por orgullo.
xÚnicamente la conciencia de aliviar males podrá sostenerte en tus fatigas. Piensa mientras estás a tiempo; pero si, indiferente a la fortuna, a los placeres de la juventud; si sabiendo que te verás solo entre las fieras humanas, tienes un alma bastante estoica para satisfacerse con el deber cumplido sin ilusiones; si te juzgas bien pagado con la dicha de una madre, con una cara que sonríe porque ya no padece, o con la paz de un moribundo a quien ocultas la llegada de la muerte; si ansías conocer al hombre, penetrar todo lo trágico de su destino... ¡hazte médico, hijo mío!