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CSS: Salvación onírica


La Caja de Seguro Social (CSS) es ahora una Corporación Limitada. Entre los que integran su Junta Directiva se encuentra un miembro de la Asociación de Jubilados, uno del grupo de Pensionados, un representante de los Asegurados y Patronos, alguno de la Cámara de Comercio e Industrias; un delegado del Sindicato de Industriales; un comisionado del Gobierno y tres designados de diversos gremios sociales que existen en el país. La CSS se rige bajo parámetros corporativos y empresariales. No es más una caja menuda.
Veo cómo el Gobierno Nacional no tiene injerencia en cuanto al nombramiento y remoción de los directivos de la CSS. Se limita a ser sólo un patrono que paga sus cuotas en forma responsable. Asume íntegramente el deber constitucional de suministrar salud a los ciudadanos panameños que no tienen seguro. Invierte en la construcción de hospitales estatales, nombra más galenos y especialistas. Le paga todo cuanto le adeuda a la CSS. Ya no existe el Sistema Integrado de Salud.
Vislumbro cómo el nuevo presidente de Panamá asume el costo político para enmendar los errores que se han cometido contra la CSS. Descubre la forma de eliminar el déficit del programa de Vejez, Invalidez y Muerte, porque es su obligación presidencial y un compromiso electoral. Crea un proyecto administrativo, sin precedentes, que elimina la carga impositiva en un lapso de cinco años, regresando los servicios de salud al Estado, dejándole a la CSS la tarea de atender sólo a sus clientes, los cotizantes.
La CSS renace bajo el amparo de una nueva ley orgánica. Una ley que obliga al cotizante a tener sólo un beneficiario y pagar, proporcionalmente, más cuota por éste y los que quiera incluir. Una ley que regula la cantidad de citas médicas y medicamentos, a los que el usuario tiene derecho por mes.
Una ley que establece que los únicos y legítimos dueños de la CSS son los jubilados, pensionados, patronos y asegurados. Una ley que impone cárcel por morosidad, a aquellos que incumplen el pago de sus cuotas obrero-patronales.
Más feliz, imposible. Los panameños asumimos parte de la culpa de lo que le ha pasado a la CSS, gracias al dogma paternalista que, por décadas, hemos profesado. También comprendemos, sin rechistar, que las decisiones tomadas en cuanto a la CSS son drásticas, pero la única alternativa posible. Por fin, hemos puesto de nuestra parte. No hay necesidad de huelgas, porque la CSS es, nuevamente, lo que alguna vez fue.
Son tiempos mejores. Existe una mentalidad de trabajo íntegro, sin corrupción, con progreso diáfano y responsabilidad social. Contemplo satisfecho cómo los pacientes de insuficiencia renal, cáncer y SIDA reciben a tiempo sus medicamentos y tratamientos, sin tener que dormir desde la noche anterior para sacar un cupo o retirar sus dosis.
Con qué placer veo a las mujeres chiricanas recibir atención gineco-obstetra en una nueva sala en el Hospital Regional; cómo los pacientes del Hospital José Domingo de Obaldía dejan de dormir de dos en dos y ya no tienen que esquivar el agua que inunda alguna que otra sala, por cuenta de las filtraciones.
Cada vez mi corazón se llena de satisfacción, al ver que la conciencia colectiva del panameño da un giro total, evitando el egoísmo, el acaparamiento, el juega vivo y el enriquecimiento ilícito; volcándose en el beneficio integral hacia sus semejantes, en una avalancha de amor, servicio y humanidad.
De un brinco quedé sentado en la cama, medio asustado por el estruendo de la tronera de un camión que, simulando una estampida, me sacó del profundo sueño en el que veía a una de las instituciones más nobles de Panamá, salir del atolladero en el que la han sumido hijos improvisados, cobardes, caprichosos y maníacos.
Volví a mi realidad, un tanto frustrado por los ejemplos que nos están dejando, a las futuras generaciones, personas que más bien parecen piratas y corsarios. Sin embargo, el sueño fue alentador y, mientras duró, fue bueno. Y aunque Calderón de la Barca dijo: "y los sueños, sueños son", no pierdo la esperanza que el mío se haga realidad.
(jayamal@hotmail.com)
Los orfebres indígenas trabajaban en oro puro de 24 kilates las diferentes piezas, y con tal destreza que pareciera un trabajo sencillo, cuando no lo es.
El barro y la cerámica fueron dos materiales comúnmente utilizado por los nativos aquí, pero lograron superar sus destrezas con el manejo del oro. Las huellas dejadas por los orfebres en cuanto a figuras y detalles, es lo que ha permitido a los especialistas conocer a qué grupo cultural pertenecen los objetos.
Las piezas demuestran un alto nivel tecnológico dentro de una cultura que no tenía instrumentos de metal y los únicos eran unos cinceles y pinzas de oro.
Sin embargo, lograron hacer estas pequeñas piezas que actualmente a los orfebres les cuesta reproducirlas, ya que es un trabajo que necesita un dominio sofisticado de la técnica y del manejo de los materiales.
Las piezas se clasifican por el estilo. Las características que comparten las unas con otras se puede identificar por los materiales utilizados, los que permiten determinar cómo se relacionaban culturalmente los grupos indígenas.

101 años de Panamá América

 
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