¿Cuál civismo?
" ¿Por quién votaste?", me preguntó un amigo. "Yo sólo voto en el tinaco de la basura", le respondí con sorna, y le expliqué que soy de los que me abstengo de votar porque considero que ello, en la actualidad, es avalar un sistema político excluyente, donde a los que pertenecemos a los sectores populares se nos trata como a borregos.
Por considerar que votar es tener "valores cívicos", mi amigo me reprendió. Él tendría razón si las elecciones constituyeran un verdadero acto cívico. Pero, en realidad, en vez de un acto cívico donde de manera libre, sin coacción, con el análisis a fondo de las propuestas, donde los ciudadanos y ciudadanas debiéramos elegir a nuestros gobernantes, los torneos electorales panameños se convierten en una fiesta carnestolenda. Se vota por "slogans", por figuras cosméticas proyectadas por la publicidad y por un sistema de enajenación y embrutecimiento configurado por las instituciones del Estado, los gremios empresariales, las jerarquías religiosas y los propietarios de los influyentes medios de comunicación social.
Nuestras elecciones presidenciales se convierten en una gigantesca campaña de mercadeo, donde las grandes publicitarias se encargan de vender un producto y la que mejor lo promueve, mayores ventas obtiene (votos). Es un momento donde al pueblo, agobiado por una situación social y económica crítica, se le siembran falsas ilusiones y promesas electorales, las cuales se desvanecen al poco tiempo de ejercer el poder el nuevo Gobierno.
Sólo un pueblo organizado, educado en auténticos valores cívicos y patrióticos, con claridad de sus derechos e intereses como nación, puede elegir libremente a sus gobernantes, en el marco de un sistema realmente democrático y participativo.
¿Qué civismo puede haber en votar por partidos con una larga trayectoria de corrupción, de atropellos al pueblo, de represión, de imposición de medidas antipopulares?
¿Qué civismo puede haber en votar por partidos y figuras que se prestaron a la violación de los derechos humanos y las libertades ciudadanas durante el régimen militar, que se enriquecieron ilícitamente?
¿Qué civismo representa, por ejemplo, que una importante porción de la población votante lo haya hecho en favor del Presidente y uno de los vicepresidentes (Endara y Ford, el otro, Ricardo Arias Calderón, que apoya hoy al PRD) que se juramentaron en una base militar yanqui cuando nuestro pueblo era invadido el 20 de diciembre de 1989?
O, ¿de qué civismo podemos hablar cuando un importante número de legisladores reconocidos como vagos, corruptos e incapaces vuelven a la Asamblea Legislativa, mientras otras desprestigiadas y desgastadas figuras de la politiquería criolla se refugian en el PARLACEN?
Hay que señalar que si bien es cierto Martín Torrijos ganó con el 47% de los votos, ello sólo representa el 36% de la población total votante, por lo que volveremos a tener un presidente de la república que no cuenta ni siquiera con el apoyo del 50% de la población y que, sin embargo, gobernará en nombre de todos los panameños y panameñas.
De acuerdo a los datos que se presentan se confirma que la abstención, más los votos blancos y nulos, representan aproximadamente el 25%.
Uno de cada cuatro panameños -como yo- muestra rechazo, desconoce o se pronuncia en contra del sistema electoral excluyente. Este hecho pasa desapercibido en los análisis de la prensa burguesa.
En su defensa al sistema, se difunde que en comparación a otros países la participación electoral en Panamá es alta.
Lo que no se dice es que Panamá, con menor extensión territorial y menos población, invierte en las elecciones dos, tres y ¡hasta cuatro veces! más dinero que esos países; que se sigue arreando como ganado a la población a las urnas, y que se siguen utilizando viejas prácticas fraudulentas, incluida la compra de votos, el robo de urnas y actas, la amenaza y la intimidación, como lo reafirman los cientos de denuncias que se han formulado antes, durante y después de las elecciones, pero que se ocultan o minimizan ante la opinión pública, dizque "para no empañar el torneo electoral". ¡Qué ironía!
Por considerar que votar es tener "valores cívicos", mi amigo me reprendió. Él tendría razón si las elecciones constituyeran un verdadero acto cívico. Pero, en realidad, en vez de un acto cívico donde de manera libre, sin coacción, con el análisis a fondo de las propuestas, donde los ciudadanos y ciudadanas debiéramos elegir a nuestros gobernantes, los torneos electorales panameños se convierten en una fiesta carnestolenda. Se vota por "slogans", por figuras cosméticas proyectadas por la publicidad y por un sistema de enajenación y embrutecimiento configurado por las instituciones del Estado, los gremios empresariales, las jerarquías religiosas y los propietarios de los influyentes medios de comunicación social.
Nuestras elecciones presidenciales se convierten en una gigantesca campaña de mercadeo, donde las grandes publicitarias se encargan de vender un producto y la que mejor lo promueve, mayores ventas obtiene (votos). Es un momento donde al pueblo, agobiado por una situación social y económica crítica, se le siembran falsas ilusiones y promesas electorales, las cuales se desvanecen al poco tiempo de ejercer el poder el nuevo Gobierno.
Sólo un pueblo organizado, educado en auténticos valores cívicos y patrióticos, con claridad de sus derechos e intereses como nación, puede elegir libremente a sus gobernantes, en el marco de un sistema realmente democrático y participativo.
¿Qué civismo puede haber en votar por partidos con una larga trayectoria de corrupción, de atropellos al pueblo, de represión, de imposición de medidas antipopulares?
¿Qué civismo puede haber en votar por partidos y figuras que se prestaron a la violación de los derechos humanos y las libertades ciudadanas durante el régimen militar, que se enriquecieron ilícitamente?
¿Qué civismo representa, por ejemplo, que una importante porción de la población votante lo haya hecho en favor del Presidente y uno de los vicepresidentes (Endara y Ford, el otro, Ricardo Arias Calderón, que apoya hoy al PRD) que se juramentaron en una base militar yanqui cuando nuestro pueblo era invadido el 20 de diciembre de 1989?
O, ¿de qué civismo podemos hablar cuando un importante número de legisladores reconocidos como vagos, corruptos e incapaces vuelven a la Asamblea Legislativa, mientras otras desprestigiadas y desgastadas figuras de la politiquería criolla se refugian en el PARLACEN?
Hay que señalar que si bien es cierto Martín Torrijos ganó con el 47% de los votos, ello sólo representa el 36% de la población total votante, por lo que volveremos a tener un presidente de la república que no cuenta ni siquiera con el apoyo del 50% de la población y que, sin embargo, gobernará en nombre de todos los panameños y panameñas.
De acuerdo a los datos que se presentan se confirma que la abstención, más los votos blancos y nulos, representan aproximadamente el 25%.
Uno de cada cuatro panameños -como yo- muestra rechazo, desconoce o se pronuncia en contra del sistema electoral excluyente. Este hecho pasa desapercibido en los análisis de la prensa burguesa.
En su defensa al sistema, se difunde que en comparación a otros países la participación electoral en Panamá es alta.
Lo que no se dice es que Panamá, con menor extensión territorial y menos población, invierte en las elecciones dos, tres y ¡hasta cuatro veces! más dinero que esos países; que se sigue arreando como ganado a la población a las urnas, y que se siguen utilizando viejas prácticas fraudulentas, incluida la compra de votos, el robo de urnas y actas, la amenaza y la intimidación, como lo reafirman los cientos de denuncias que se han formulado antes, durante y después de las elecciones, pero que se ocultan o minimizan ante la opinión pública, dizque "para no empañar el torneo electoral". ¡Qué ironía!