¿Cuál descentralización?
Descentralizar es, desde hace años, el discurso oficial del Estado, no así su práctica. Las reformas constitucionales del 2004 tenían como "leitmotiv" la descentralización, entre otras cosas, pero los municipios del país siguen esperando una ley que les asigne directamente dineros del Tesoro Nacional para atender las crecientes necesidades sociales de su población. Los acuerdos de la Concertación del año pasado vuelven a llover sobre mojado, pero el Ejecutivo no parece advertir la seriedad de este compromiso.
En vez de descentralizar, el Presidente está más interesado en continuar con el PRODEC, que es una partida de 50 millones de dólares que éste reparte entre las comunidades pobres cuando les hace la visita en su parsimonioso "patrullaje doméstico"; o ampliar la llamada Red de Oportunidades, que son subisidios directos a las familias pobres, lo cual no tendría nada de malo si no fuese porque los criterios políticos del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) a veces chocan con los de las comunidades.
Si a estas dos intervenciones sumamos las llamadas partidas circuitales (un fondo de cerca de 40 millones que utilizó la Asamblea para obras públicas en comunidades), que amenazan con volver, según ha confesado el propio jefe de la cámara legislativa, llegaremos a la conclusión de que la descentralización -ese proceso de redistribución de la riqueza y el poder- no va para ningún lado, pero que el tradicional clientelismo goza de muy buena salud. Si no se está buscando fortalecer a los gobiernos municipales, ¿por qué seguimos hablando de descentralización?