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¿Cuál política exterior?


Iba a iniciar el presente artículo con una afirmación que me pareció, después de meditarlo, equivocada. Panamá no tiene una política exterior. En realidad, Panamá sí tiene política exterior, es decir, ésta existe, aunque ella no sea explícita. Es cierto que tampoco existe política educativa o política deportiva o política de justicia. La carencia de definiciones en todas las áreas del quehacer político, aunque sea de manera preliminar, es un problema que debe resolverse más temprano que tarde. Los ministerios aludidos funcionan por inercia, de manera rutinaria, importando muy poco su cabeza visible. En otras palabras, ellas son prescindibles.
Si la situación general es grave, lo es mucho más en lo que se refiere a política exterior. Porque ésta es un área vital para la existencia del Estado moderno. Junto con la seguridad y defensa interior, la política exterior constituye el núcleo duro de la actividad del Estado, que ni siquiera los neolibeales empedernidos se atreven a cuestionar.
Hasta 1999, la política exterior panameña estuvo definida, de manera estricta, por las relaciones bilaterales entre Panamá y los Estados Unidos. Relaciones con puntos altos y bajos, pero que analistas de la política exterior dividen en dos grandes períodos: una etapa reformista, que culmina en 1964 con los hechos de enero de ese año y una etapa abrogacionista que termina el 31 de diciembre de 1999 con la recuperación del canal y sus áreas adyacentes.
Si durante la primera etapa la política exterior panameña fue definida en el propio Departamento de Estado del gobierno de los Estados Unidos y de su embajada en nuestro país como del gobierno de la denominada zona del canal de Panamá, durante la segunda etapa se intentó ganar un poco más de espacio político, ampliando las relaciones externas y ganando algún grado de autonomía. La participación en el movimiento de los no alineados, la conformación de la Unión de Países Exportadores de Banano ( UPEB) y el restablecimiento de relaciones con Cuba son ejemplo de ello. Los resultados finales de todo esto deben evaluarse con sumo cuidado y objetividad. No está demás señalar que en 1976 se conoció el primer y único documento de definiciones de política exterior que intentaba definir áreas prioritarias para la política exterior panameña.
¿Y ahora qué? Se pudiera pensar que hemos entrado en un terreno poco propicio para las definiciones rigurosas. Sin embargo, algunas cosas parecen quedar claras. En todas las áreas de conflicto mundial, el actual gobierno ha tomado una posición disparatada, por decir lo menos.
En el caso del diferendo chino, que se ha ido definiendo a favor de China y no de la isla rebelde de Taiwan, se ha optado por privilegiar las relaciones con ésta y no con el país continental. No se trata, como puede pensarse, de un problema simplemente demográfico, sino de un principio rector de política exterior. Es cierto que la República Popular China tiene cerca de 1.200 millones de habitantes y Taiwan cerca de 25 millones. Pero lo importante es saber que Taiwan es la punta de lanza de la agresión estadounidense en el Asia y su aliada más incondicional.
En relación al conflicto del medio oriente que enfrenta la política de agresión del Estado de Israel al Estado palestino, en particular, y al mundo árabe en general, el gobierno ha apoyado implícitamente al Estado de Israel y dado la espalda al mundo árabe. Demás está decir que Israel es el gendarme de los Estados Unidos en el área.
Por último, en el caso de nuestra América, las definiciones parecen clara en dos puntos: el hostigamiento a la República de Cuba y el intento de nuevas concesiones a los Estados Unidos. Sería largo enumerar otras áreas, incluyendo el apoyo a crítico al denominado ALCA y la falta de perspectiva para la unidad regional. Aquellos dos puntos bastan para definir lo que ocurre. La cadena de burdas acusaciones a Cuba y a los dirigentes de la revolución cubana, que van desde la acusación de que funcionarios de la Embajada de Cuba intervienen en las protestas sociales internas, hasta la acusación infantil de que la cancillería cubana ha ofendido a nuestro país, recuerdan los argumentos pueriles utilizados hace 40 años para expulsar a Cuba de la OEA, en Punta del Este, Uruguay. Quisimos ser cuidadosos al decir "recuerdan", aunque ahora parecen más graves. Porque ahora se dan en un contexto de derechización de la política exterior estadounidense, de la falta de equilibrios mundial y de la lenta recuperación de las luchas populares en el mundo.

101 años de Panamá América

 
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