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Cuán democrático es el Partido Arnulfista


Pocos han difundido las interioridades del Arnulfista, por lo que dedico el presente a los jóvenes y a los pensantes para que no sean sorprendidos por los arteros de satrapías que gestan sus avaricias en los embrutecedores mitos fundados en absurdos dones de inmortales de carne y hueso, para llevarlo a inmeritorio trono y hacerse ellos cortesanos del reino.
Los panameños estamos padeciendo los inestables y ruinosos efectos de una gestión presidencial, que muestra hasta la saciedad una alarmante falta de capacidad gubernativa. Es el caro precio de aferrarse 572 mil electores, en oposición a 704 mil, a un símbolo fundado en una ex viudez, que se distancia en varias generaciones de los primaverales de un caudillo que hoy hubiere vivido 101 agostos.
La Presidenta de todos los panameños y a la vez solamente de los firmados en el Arnulfista (dualidad incongruente), así como dignatarios del Directorio Nacional, dígase Víctor Juliao, han calificado ferozmente al Ing. Alberto Vallarino y los que nos opusimos al manejo antidemocrático de ese colectivo como traidores o confundidos y, hasta de “perdedores” en unos comicios internos descaradamente manipulados.
Hagamos referencias y comentemos brevemente sobre los antidemocráticos estatutos: Está constituido por seis órganos donde el Directorio Nacional, conformado por un clan de cofrades, dispone de todos los poderes mientras que los restantes son adornos a saber: Convención Nacional, Junta Consultiva, Directorios Provinciales, Distritoriales y Comités de Corregimiento.
Mireya Moscoso, Presidenta y representante legal, es la única autorizada para remitir y recibir documentos oficiales, es así que postula a sus anchas (acápite m del artículo 22; acápites k y l del 29; acápite h del 35; acápite f del 40 y Artículo 20).
222Moscoso, Presidenta y representante legal, es la única autorizada para remitir y recibir documentos oficiales, es así que postula a sus anchas...
No existen primarias en las respectivas circunscripciones para las postulaciones, tan sólo en la presidencial, y ello, por imperio de la ley. Es la única que solicita y recibe del Tribunal Electoral el padrón de inscritos, lo que se ha valido para hacerlo llegar tardíamente a la nómina que ose oponerse a su escogida, obstaculizando el acceso a una membresía dispersa. Cuando quiere solicita al TE el inconstitucional cierre de inscripciones, con el descaro de no esconder el deleznable propósito de controlar los comicios.
El Directorio Nacional tiene la facultad de postular a quien quiera por encima de las recomendaciones de los despreciados órganos subalternos, según la autoritaria facultad del artículo 35; sin que falte el imperio de realizar alianzas y ceder postulaciones (acápite c del 23). Nada le obliga a respetar las recomendaciones de las ociosas instancias inferiores.
El Nacional nombra al Comité Nacional de Elecciones (acápite e del artículo 22), que administra, reglamenta, interpreta y arbitra los comicios internos. En los solemnes internas bajo la doble presidenta, el clan, aparte de hacerse candidatos (la Sra. Moscoso en las primarias 1999 y en las convencionales 96 y 02) se autonombran en el comité electoral (entre varios: el ex Fiscal Alvin Weeden en 1999 y el Secretario C. Raúl Piad 2002) sin que falten los de la Junta Consultiva que designa el Directorio Nacional (artículo 46). En síntesis, todo manipulado por los cortesanos.
El Directorio Nacional tiene la absoluta de convertirse en Comité de Disciplina o designar el punitivo rol, de ahí que controlan las sanciones y expulsiones (acápite f del artículo 50, artículos 59, 61 y 62).
Los menores de 30 años se encontrarán sin derecho a ser miembros de la Junta Consultiva (acápite a. del artículo 49) y, es que esa junta de cofrades tiene los derechos y funciones de asistir a las sesiones del Nacional y preparar proyectos al programa y Estatutos.
Dígase que nuestros jóvenes no tienen espacio en este tiránico partido. Ni hablar sobre la reglamentación de las elecciones donde los “elegidos” son los que integran la nómina con más votos, dejando por fuera al resto en detrimento de la unidad; es decir, que no existe la proporcionalidad representativa de la voluntad electoral de sus miembros.

101 años de Panamá América

 
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