Cuando Cuba recibió al Papa
Hace dos años y medio estuve en Cuba con mi esposa Teresita, que nació en La Habana. Nos impresionaron las carencias, las restricciones y las frustraciones que sufren los cubanos. Pero al mismo tiempo se iniciaban cambios económicos reales, impuestos por el desmantelamiento de la Unión Soviética. Cuando regresamos recientemente a raíz de la visita del Papa, notamos diferencias manifiestas.
Las calles ya no estaban vacías. Habían muchos más automóviles en uso. Y en visitas a Pinar del Río y a Camagüey vimos camiones y rastras. Las personas que esperaban que un auto les diera una "botella" (la expresión cubana), a veces hacían señales con dólares en la mano, lo cual no vimos anteriormente. Los "paladares" (pequeños restaurantes privados) y las estaciones de gasolina CUPET ofrecían jabón y papel higiénico en sus servicios. El motel Los Caneyes donde almorzamos en Santa Clara, estaba remozado y ofrecía una atención esmerada. En los mejores barrios de La Habana notamos algunos andamios para la refacción de casas y la restauración de La Habana Vieja, bajo el impulso del Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, nos impresionó.
Pero la situación de fondo no está resuelta. Ya el PIB no está descendiendo en picada, pero su tasa de crecimiento que fue de 0.7% en 1994, se disparó a una tasa oficial de 7.8% en 1996 y ha bajado a 2,5% en 1997. El PIB de 1997 representa sólo el 73% del de 1989. La producción azucarera bajó de 4.4 millones de toneladas a 4.2 millones al año pasado. Durante nuestro viaje a Camagüey sólo vimos dos ingenios activos y mucha caña sin cortar a pesar de lo avanzado del período de la zafra.
Se han frenado algunas de las medidas económicas liberalizadoras. A los "paladares" se les cobran impuestos pesados 600 dólares y 3,200 pesos mensuales y tienen diversas restricciones, pues sólo les permiten doce puestos y no se les permite la venta de langostas, carne, etc. Conversando con el dueño de uno, me dijo que de 25 paladares en su área, sólo quedaban nueve. Los cuentapropistas registrados que en 1995 llegaron a unos 205,000, sólo suman hoy en día 160,000 y todavía se les prohíbe a los profesionales trabajar por cuenta propia en su profesión. Aunque se permite la propiedad privada a extranjeros, los cubanos no pueden ser propietarios ni de pequeñas ni de medianas empresas y lo resienten.
El desempleo real parece haber aumentado. Lo que es peor, según un economista que visité, la gente no tiene motivación para trabajar. El salario promedio mensual es de 214 pesos o sea de $9.30, cuando la barra de pan de 400 gramos vale 10 pesos, la libra de arroz 4 pesos, la libra de frijoles de 7 a 8 pesos y la libra de carne de puerco 22 pesos. Las libretas de racionamiento que permiten comprar algunos artículos a precios más baratos no alcanzan sino para los primeros días del mes, si hay los artículos. Como resultado, buena parte de la vida económica de los cubanos se realiza clandestinamente y hubo quien me dijo que las actividades económicas provechosas eran: trabajar para el turismo, recibir dinero de los parientes y amigos extranjeros y robarle a las empresas estatales.
En nuestros viajes en automóvil, que tomaron diez horas de ida y diez de vuelta, recogimos mucha gente y las historias personales que nos contaron reflejan un mundo de penurias y arbitrariedades económicas tan tristes como absurdas, resultado de las políticas oficiales o de la interpretación de funcionarios.
La economía en general padece de una contabilidad desastrosa y de una bajísima productividad. "Más que recursos, necesitamos sentido común", me comentó el economista. Como resultado se le está atribuyendo un papel creciente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Ahora controlan el Ministerio del Interior (MININT), desde la crisis del Gen. Ochoa. El antiguo Jefe de Estado Mayor, Gen. Ulises Rosales del Toro, encabeza el Ministerio de la Producción Azucarera; otros militares encabezan los Ministerios de la Pesca, de Comunicaciones y de Transporte. De los ciento cincuenta miembros del Comité Central del Partido Comunista, cerca de 33 serían militares, mientras que de los 24 miembros del Buró Político, 9 lo serían. Lo que es más, al hablar con gente independiente encontré que tenían una buena imagen de las FAR, como profesionales eficientes y que no habrían reprimido a la población. Todo ello sugiere que su papel futuro puede ser determinante.
En este cuadro económico de estancamiento, pero no de hundimiento, se comienza a hablar de la evolución en la dirección del régimen. Se mencionan los nombres de altos funcionarios que podrían asumir más responsabilidades, individual o compartidamente, tales como el Segundo Secretario del Comité Central del PCC, Primer Vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros y Ministro de las FAR, Gen. Raúl Casiro, en lo militar, el actual Presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón, en lo político y el Vicepresidente del Consejo de Estado y Secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, Carlos Lage, en lo económico.
El impacto de la visita del Papa se dio en este contexto y cabe evaluar quien ganó qué. El régimen, sin duda ganó una atención mundial que había perdido, pues ya no representa un peligro para la seguridad regional o mundial. Presentó una carta de mayor tolerancia y de seguridad y estabilidad. Logró un alivio de las tensiones que se acumulan por razones económicas y políticas. Se afianzó en su confrontación con los Estados Unidos sobre el embargo y demostró que no estaba solo en su crítica del capitalismo que se ha desarrollado mundialmente después de la caída del Muro de Berlín. En su discurso del 2 de febrero, después de la visita, el Presidente Castro volvió a destacar el concepto papal de la "globalización de la solidaridad" que, según él, tiene o puede tener un alcance muy grande".
Por su parte, la iglesia cubana también ganó. Su renovación de espiritualidad y de liderazgo se proyectó hacia toda la nación, en una especie de catequesis masiva y global durante cuatro días. Reafirmó su identificación como forjadora de la cultura y la identidad nacional cubanas. Ejerció la vocería de las vivencias del pueblo cubano, a cuyo servicio sin discriminación está consagrada. Alcanzó un reconocimiento nacional e internacional como una iglesia de disponibilidad para servir, si algún día se hace necesario, de intermediaria entre el Estado y la sociedad civil en el proceso de evolución y eventualmente de transición.
Al ganar el régimen en atención y la iglesia en proyección, Cuba y los cubanos son los grandes ganadores. La celebración le proporcionó a la población una nueva fuente de integración, inspiración y motivación, en contra del desarraigo, la despersonalización y el desaliento. Los cubanos tuvieron la vivencia concreta de lo noestatal, de la posible consistencia de la sociedad civil bajo su aspecto religioso, moral y civil. Escucharon, después de treintinueve años de oír un solo discurso, un discurso diferente que los convocaba a un futuro nuevo, no a más de lo mismo. En realidad oyeron varios discursos. Los Obispos se expresaron con diferentes tonos dentro de su unidad, se supo de discursos diversos dentro de la dirigencia partidaria y la población en su seno comentó, en serio y en chiste, los acontecimentos. Cuba vislumbró, entre cubanos, un horizonte esperanzador de cambio gradual y pacífico.
En la oportunidad de su visita, el Papa le reiteró al mundo que, después de la desintegración de los socialismos reales, no diera por finalizada la historia, pues debía forjar un nuevo mundo de libertad y solidaridad en respuesta al llamado de Jesucristo. No por accidente quiso enviar su mensaje renovado desde Cuba.
Las calles ya no estaban vacías. Habían muchos más automóviles en uso. Y en visitas a Pinar del Río y a Camagüey vimos camiones y rastras. Las personas que esperaban que un auto les diera una "botella" (la expresión cubana), a veces hacían señales con dólares en la mano, lo cual no vimos anteriormente. Los "paladares" (pequeños restaurantes privados) y las estaciones de gasolina CUPET ofrecían jabón y papel higiénico en sus servicios. El motel Los Caneyes donde almorzamos en Santa Clara, estaba remozado y ofrecía una atención esmerada. En los mejores barrios de La Habana notamos algunos andamios para la refacción de casas y la restauración de La Habana Vieja, bajo el impulso del Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, nos impresionó.
Pero la situación de fondo no está resuelta. Ya el PIB no está descendiendo en picada, pero su tasa de crecimiento que fue de 0.7% en 1994, se disparó a una tasa oficial de 7.8% en 1996 y ha bajado a 2,5% en 1997. El PIB de 1997 representa sólo el 73% del de 1989. La producción azucarera bajó de 4.4 millones de toneladas a 4.2 millones al año pasado. Durante nuestro viaje a Camagüey sólo vimos dos ingenios activos y mucha caña sin cortar a pesar de lo avanzado del período de la zafra.
Se han frenado algunas de las medidas económicas liberalizadoras. A los "paladares" se les cobran impuestos pesados 600 dólares y 3,200 pesos mensuales y tienen diversas restricciones, pues sólo les permiten doce puestos y no se les permite la venta de langostas, carne, etc. Conversando con el dueño de uno, me dijo que de 25 paladares en su área, sólo quedaban nueve. Los cuentapropistas registrados que en 1995 llegaron a unos 205,000, sólo suman hoy en día 160,000 y todavía se les prohíbe a los profesionales trabajar por cuenta propia en su profesión. Aunque se permite la propiedad privada a extranjeros, los cubanos no pueden ser propietarios ni de pequeñas ni de medianas empresas y lo resienten.
El desempleo real parece haber aumentado. Lo que es peor, según un economista que visité, la gente no tiene motivación para trabajar. El salario promedio mensual es de 214 pesos o sea de $9.30, cuando la barra de pan de 400 gramos vale 10 pesos, la libra de arroz 4 pesos, la libra de frijoles de 7 a 8 pesos y la libra de carne de puerco 22 pesos. Las libretas de racionamiento que permiten comprar algunos artículos a precios más baratos no alcanzan sino para los primeros días del mes, si hay los artículos. Como resultado, buena parte de la vida económica de los cubanos se realiza clandestinamente y hubo quien me dijo que las actividades económicas provechosas eran: trabajar para el turismo, recibir dinero de los parientes y amigos extranjeros y robarle a las empresas estatales.
En nuestros viajes en automóvil, que tomaron diez horas de ida y diez de vuelta, recogimos mucha gente y las historias personales que nos contaron reflejan un mundo de penurias y arbitrariedades económicas tan tristes como absurdas, resultado de las políticas oficiales o de la interpretación de funcionarios.
La economía en general padece de una contabilidad desastrosa y de una bajísima productividad. "Más que recursos, necesitamos sentido común", me comentó el economista. Como resultado se le está atribuyendo un papel creciente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Ahora controlan el Ministerio del Interior (MININT), desde la crisis del Gen. Ochoa. El antiguo Jefe de Estado Mayor, Gen. Ulises Rosales del Toro, encabeza el Ministerio de la Producción Azucarera; otros militares encabezan los Ministerios de la Pesca, de Comunicaciones y de Transporte. De los ciento cincuenta miembros del Comité Central del Partido Comunista, cerca de 33 serían militares, mientras que de los 24 miembros del Buró Político, 9 lo serían. Lo que es más, al hablar con gente independiente encontré que tenían una buena imagen de las FAR, como profesionales eficientes y que no habrían reprimido a la población. Todo ello sugiere que su papel futuro puede ser determinante.
En este cuadro económico de estancamiento, pero no de hundimiento, se comienza a hablar de la evolución en la dirección del régimen. Se mencionan los nombres de altos funcionarios que podrían asumir más responsabilidades, individual o compartidamente, tales como el Segundo Secretario del Comité Central del PCC, Primer Vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros y Ministro de las FAR, Gen. Raúl Casiro, en lo militar, el actual Presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón, en lo político y el Vicepresidente del Consejo de Estado y Secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, Carlos Lage, en lo económico.
El impacto de la visita del Papa se dio en este contexto y cabe evaluar quien ganó qué. El régimen, sin duda ganó una atención mundial que había perdido, pues ya no representa un peligro para la seguridad regional o mundial. Presentó una carta de mayor tolerancia y de seguridad y estabilidad. Logró un alivio de las tensiones que se acumulan por razones económicas y políticas. Se afianzó en su confrontación con los Estados Unidos sobre el embargo y demostró que no estaba solo en su crítica del capitalismo que se ha desarrollado mundialmente después de la caída del Muro de Berlín. En su discurso del 2 de febrero, después de la visita, el Presidente Castro volvió a destacar el concepto papal de la "globalización de la solidaridad" que, según él, tiene o puede tener un alcance muy grande".
Por su parte, la iglesia cubana también ganó. Su renovación de espiritualidad y de liderazgo se proyectó hacia toda la nación, en una especie de catequesis masiva y global durante cuatro días. Reafirmó su identificación como forjadora de la cultura y la identidad nacional cubanas. Ejerció la vocería de las vivencias del pueblo cubano, a cuyo servicio sin discriminación está consagrada. Alcanzó un reconocimiento nacional e internacional como una iglesia de disponibilidad para servir, si algún día se hace necesario, de intermediaria entre el Estado y la sociedad civil en el proceso de evolución y eventualmente de transición.
Al ganar el régimen en atención y la iglesia en proyección, Cuba y los cubanos son los grandes ganadores. La celebración le proporcionó a la población una nueva fuente de integración, inspiración y motivación, en contra del desarraigo, la despersonalización y el desaliento. Los cubanos tuvieron la vivencia concreta de lo noestatal, de la posible consistencia de la sociedad civil bajo su aspecto religioso, moral y civil. Escucharon, después de treintinueve años de oír un solo discurso, un discurso diferente que los convocaba a un futuro nuevo, no a más de lo mismo. En realidad oyeron varios discursos. Los Obispos se expresaron con diferentes tonos dentro de su unidad, se supo de discursos diversos dentro de la dirigencia partidaria y la población en su seno comentó, en serio y en chiste, los acontecimentos. Cuba vislumbró, entre cubanos, un horizonte esperanzador de cambio gradual y pacífico.
En la oportunidad de su visita, el Papa le reiteró al mundo que, después de la desintegración de los socialismos reales, no diera por finalizada la historia, pues debía forjar un nuevo mundo de libertad y solidaridad en respuesta al llamado de Jesucristo. No por accidente quiso enviar su mensaje renovado desde Cuba.