Cuando el deporte no es sano
Los valores de audacia, paciencia, respeto, humildad, sacrificio y superación, que siempre han encarnado la actividad deportiva, se ven en vísperas de los Juegos Olímpicos de Pekín más pervertidos que nunca. El deporte se ha convertido en un fenómeno global. Hoy, la riqueza, la imagen pública, la fama y el afán obsesivo por el triunfo, han convertido al deporte de élite y a muchos de quienes lo practican y dirigen en un ejemplo poco saludable para los jóvenes.
El éxito que representan los deportistas profesionales se ha convertido en el señuelo de muchos jóvenes con ansia de triunfar y alcanzar popularidad y dinero de forma rápida. Los padres son muchas veces cómplices, cuando no tiranos que desean a toda costa ver sus anhelos y fracasos realizados en sus hijos. También los poderes públicos, que han alentado prácticas insanas en adolescentes en aras de obtener triunfos deportivos que apoyen sus ambiciones políticas. Si un niño ocupa 5 horas al día a ayudar en el negocio familiar, los padres estarían cometiendo un delito. Pero si otro niño, de la misma edad, pasa diez horas diarias en un gimnasio adquiriendo musculatura y mejorando su técnica deportiva, causaría admiración general.
El anfitrión de los Juegos Olímpicos de este año es uno de los estados que más vulnera la filosofía y el espíritu olímpico. China ha preparado con métodos espartanos a un ejército de deportistas cuyo único fin vital es la consecución de un metal que colgarse del cuello. Niñas gimnastas son sacadas de sus hogares, con el consentimiento de sus padres, para vivir en un régimen de esclavitud, pasando sus mejores años en un gimnasio, y con una alimentación impropia.
Como casi siempre son los niños los más damnificados por las exigencias de la sociedad actual. Muchos menores del África sub sahariana se embarcan en peligrosos viajes por el desierto y en pateras con la ilusión de recalar en las canteras del Real Madrid, el Milán, el Ajax de Ámsterdam o el Lyon. Los mejores clubes de Europa se ocupan de traer en avión talentos jóvenes africanos, a los que luego abandonarán a su suerte si no cumplen las expectativas, sin un trabajo, sin una formación, y sin papeles con los que poder permanecer en Europa. Los futbolistas ejercen una gran influencia en la sociedad. Su forma de jugar es admirada por todos, pero también lo es su manera de vestir, hablar y vivir. Si se formase a los deportistas como personas íntegras y maduras, con los mínimos conocimientos culturales e históricos de los países por los que se mueven, esa influencia se tornaría positiva para los más jóvenes.
El lema olímpico "Citius, Altius, Fortius" -más rápido, más alto, más fuerte- tal vez debiera cambiarse por "Más bello, más humano, mejor", como propuso el pedagogo y filósofo del deporte José María Cagigal. Porque el deporte es, según el escritor francés Jean Giraudoux, el esperanto de todas las razas, y no debemos olvidar que en la cita Olímpica que viviremos en unos días habrá niños de todas las edades que no han disfrutado de su infancia, y que probablemente se sientan desorientados en su vida adulta.