Cuando el pueblo calla... las encuestas hablan
Hace ya casi diez años resaltaba -también en un artículo de opinión- que las encuestas hechas científicamente constituyen un instrumento válido para medir en un momento dado la intención de voto de la ciudadanía en un proceso electoral futuro. Como es sabido a estas alturas por un gran número de panameños, después de las elecciones de 1994 y 1999, además del referéndum de 1998, los resultados de las encuestas tienen también el efecto de influir y crear corrientes de opinión en esa misma ciudadanía.
Es por eso que los factores reales de poder en Panamá han logrado introducir como práctica, y también como táctica electoral, manipular los resultados de las encuestas para intentar así lograr, a través de la difusión de eses resultados, confundir la opinión de cierto público e influir así sobre la ciudadanía a favor o en contra de determinado (s) candidato (s). De ese modo se intenta (y hasta se logra) inclinar el voto de los "indecisos" -también llamados votos flotantes- a favor de la candidatura que se presenta como más favorecida por los resultados amañados de las encuestas (siempre) manipuladas.
Además, con los mismos resultados amañados de las encuestas manipuladas, se trata de restar ante la opinión pública, la opción de triunfo al candidato que sí tiene posibilidades de ganarle al candidato que se quiere favorecer con esas encuestas. De esa forma se procura desviar los votos que se inclinan a favor de un candidato con verdadera opción, a favor de aquellos que no tienen posibilidades de ganar. Con esto se dispersan y fragmentan los votos opuestos al favorecido con las encuestas (siempre) amañadas e información falsa.
Respecto de las encuestas científicamente hechas existen, en todos los países serios, controles técnicos de calidad. Las encuestas respecto de las cuales no se utilicen estos controles de calidad, son las que se prestan para ofrecer a la opinión pública resultados falseados.
Estos controles de calidad, después de más de tres consultas electorales, siguen, gracias a los tres magistrados del Tribunal Electoral, sin existir en Panamá y ello ha dado lugar a que se sigan produciendo, cada vez más, encuestas amañadas que son recibidas por la mayoría de los medios de comunicación y comunicadores sociales como verdades ciertas, como si auténticamente reflejaran la intención de voto de la ciudadanía panameña y sin mayor examen ni análisis; tal como son presentadas son difundidas con mucha prominencia al público por esos mismos medios de comunicación social que las ordenan y...las pagan.
En Panamá, mediante la utilización de este proceso desinformador, de modo sistemático y de manera progresiva, a través de encuestas manipuladas y con resultados amañados se ha venido difundiendo información falsa tanto en 1994 como en 1999. El propósito es claro: se ha querido siempre eliminar a un candidato de la polarización que el propio sistema electoral obliga a producir necesariamente en las elecciones presidenciales. Así ocurrió con el profesor Carles en 1994, con Vallarino en 1999 y ocurre en la actualidad con Endara.
Es necesario que la opinión pública esté muy consciente de esta conspiración electoral, para que la verdadera intención de voto de la ciudadanía panameña, no sea confundida ni desviada hacia opciones electorales que carecen de viabilidad, como es el caso del candidato de la quinta candidata. Hay que evitar que se logre lo que persiguen los dos partidos que controlan la dictadura electoral que la partidocracia y el Tribunal Electoral nos imponen a los panameños.
Las fuerzas democráticas panameñas no pueden permitir ser confundidas por quienes a lo largo de tantas décadas se han perfeccionado en el arte de mentir y engañar al pueblo y ahora buscan imponernos con sus encuestas de filete y de billete, una renovación de su pacto para conservar el control del poder.
Si hoy día las encuestas hablan es porque el pueblo calla. Cuando el pueblo tome la palabra y desenmascare a los fariseos y los muestre en carne y hueso, y dé a los impostores el lugar que se merece, encuestadores y encuestas, manipuladores y engañadores, "los hunos y los hotros" (con h también, como diría Unamuno), pasarán a ocupar su sitio en el vertedero de la historia.
Es por eso que los factores reales de poder en Panamá han logrado introducir como práctica, y también como táctica electoral, manipular los resultados de las encuestas para intentar así lograr, a través de la difusión de eses resultados, confundir la opinión de cierto público e influir así sobre la ciudadanía a favor o en contra de determinado (s) candidato (s). De ese modo se intenta (y hasta se logra) inclinar el voto de los "indecisos" -también llamados votos flotantes- a favor de la candidatura que se presenta como más favorecida por los resultados amañados de las encuestas (siempre) manipuladas.
Además, con los mismos resultados amañados de las encuestas manipuladas, se trata de restar ante la opinión pública, la opción de triunfo al candidato que sí tiene posibilidades de ganarle al candidato que se quiere favorecer con esas encuestas. De esa forma se procura desviar los votos que se inclinan a favor de un candidato con verdadera opción, a favor de aquellos que no tienen posibilidades de ganar. Con esto se dispersan y fragmentan los votos opuestos al favorecido con las encuestas (siempre) amañadas e información falsa.
Respecto de las encuestas científicamente hechas existen, en todos los países serios, controles técnicos de calidad. Las encuestas respecto de las cuales no se utilicen estos controles de calidad, son las que se prestan para ofrecer a la opinión pública resultados falseados.
Estos controles de calidad, después de más de tres consultas electorales, siguen, gracias a los tres magistrados del Tribunal Electoral, sin existir en Panamá y ello ha dado lugar a que se sigan produciendo, cada vez más, encuestas amañadas que son recibidas por la mayoría de los medios de comunicación y comunicadores sociales como verdades ciertas, como si auténticamente reflejaran la intención de voto de la ciudadanía panameña y sin mayor examen ni análisis; tal como son presentadas son difundidas con mucha prominencia al público por esos mismos medios de comunicación social que las ordenan y...las pagan.
En Panamá, mediante la utilización de este proceso desinformador, de modo sistemático y de manera progresiva, a través de encuestas manipuladas y con resultados amañados se ha venido difundiendo información falsa tanto en 1994 como en 1999. El propósito es claro: se ha querido siempre eliminar a un candidato de la polarización que el propio sistema electoral obliga a producir necesariamente en las elecciones presidenciales. Así ocurrió con el profesor Carles en 1994, con Vallarino en 1999 y ocurre en la actualidad con Endara.
Es necesario que la opinión pública esté muy consciente de esta conspiración electoral, para que la verdadera intención de voto de la ciudadanía panameña, no sea confundida ni desviada hacia opciones electorales que carecen de viabilidad, como es el caso del candidato de la quinta candidata. Hay que evitar que se logre lo que persiguen los dos partidos que controlan la dictadura electoral que la partidocracia y el Tribunal Electoral nos imponen a los panameños.
Las fuerzas democráticas panameñas no pueden permitir ser confundidas por quienes a lo largo de tantas décadas se han perfeccionado en el arte de mentir y engañar al pueblo y ahora buscan imponernos con sus encuestas de filete y de billete, una renovación de su pacto para conservar el control del poder.
Si hoy día las encuestas hablan es porque el pueblo calla. Cuando el pueblo tome la palabra y desenmascare a los fariseos y los muestre en carne y hueso, y dé a los impostores el lugar que se merece, encuestadores y encuestas, manipuladores y engañadores, "los hunos y los hotros" (con h también, como diría Unamuno), pasarán a ocupar su sitio en el vertedero de la historia.