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Cuando la culpa es de otros o de un demonio


Es muy común buscar la culpa de nuestros problemas en otros. Recuerdo el caso de un diputado borracho en un país que no es Panamá. La policía lo intentó detener por mal manejo. El padre de la patria le entró a tiros a la patrulla, dejando mal herida a la mujer policía que conducía el auto. Amparado por su impunidad legislativa, no fue a la cárcel. Días después apareció en los medios culpando a un demonio que se le metió en el cuerpo, pero ya había sido sanado por un conocido predicador. La culpa era del demonio, no de él y además, ya Dios lo había perdonado. ¿Y la mujer policía? Misteriosamente retiró cualquier demanda contra el honorable diputado.

Esta referencia viene a que he leído en distintos medios que la culpa de todo el izquierdismo populista, y para mi gusto demagógico, que corre por América Latina, es culpa del demonio Hugo Chávez Frías. Que si los indígenas bolivianos eligieron a otro indígena. Culpa de Chávez. Que casi gana Ollanta Humala Tasso en Perú. Culpa de Chávez. Que Correa ganó en Ecuador. Nuevamente Chávez es el responsable. Que los sandinistas ganaron en Nicaragua. No es responsabilidad de los que le allanaron el camino. Es culpa de Chávez. ¿ Y Zelaya? No sigamos. La culpa es de Chávez.

A mí no me gusta Chávez. Ni sus posiciones rocambolescas, sus faltas de respeto a los otros presidentes, su munificencia con los recursos del pueblo venezolano, su oratoria pesada, rebuscada y ofensiva. Pero señores, miles de Chávez no tendrían ninguna influencia en los procesos electorales de los pueblos de América, si no existiesen condiciones objetivas de exclusión, pobreza y desigualdad, que la gente de a pie sufre por largos años, por no decir siglos.

He escuchado, leído, las tesis más peregrinas para justificar la remoción de Zelaya. Hasta la lectura de una falsa carta de renuncia, en el Congreso de su país. Pero las más creativas explicaciones que he encontrado es que para defender la democracia se justifica usar la fuerza y expulsar al Presidente constitucional bajo amenaza, asaltando su residencia y enviándolo al exilio sin juicio, sin acusaciones formales, sin una sentencia emitida por la autoridad responsable.

Preocupa que la clase política de ese país se apoye en las bayonetas para realizar sus acciones. Que aduciendo contar con el apoyo de dos terceras partes de la población, le temieran a una consulta no vinculante. Estas acciones conspiran contra la estabilidad de la democracia que se dice defender.

No le hagamos el juego al populismo barato ni a las excusas insostenibles. Hagámonos responsables de enfrentar las causas de la desigualdad en nuestros países. Ojalá que el nuevo Gobierno tenga éxito en sus promesas de cambio que la población espera. Si tiene éxito, no será gracias a Chávez, ciertamente. Si llegara a fracasar entonces no digamos que si ganan las próximas elecciones fuerzas distintas a las tradicionales, es por culpa de Chávez.

101 años de Panamá América

 
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