default

Cuando la violencia manda en casa


Para muchas personas es más peligroso estar dentro de su casa que en la calle, pues los efectos de la violencia intrafamiliar pueden ser más amenazadores que la criminalidad callejera.

Violencia intrafamiliar es toda conducta que por acción u omisión cometa algún miembro de la familia contra otro abusando de su relación de poder y que perjudique su bienestar, su integridad física o psicológica, su libertad y derecho al pleno desarrollo.

Esta violencia puede ser física (golpes, patadas, empujones); sicológica (insultos, humillaciones, intimidación, amenazas); sexual (forzar físicamente o psicológicamente a tener relaciones sexuales); económica (negar o condicionar el dinero necesario para el sostenimiento).

Pero los mitos no faltan. Si usted es de los que piensan que han exagerado el problema de la violencia familiar, sepa que el maltrato es la causa más común de lesiones en la mujer, sobre los accidentes automovilísticos, violaciones o robos combinados. La violencia física es causa de un cuarto de los intentos de suicidio realizados por mujeres. La mitad de los hogares padece de alguna forma de violencia. Las consecuencias de la violencia doméstica tienen un elevado costo para el Estado y la sociedad.

Si usted piensa que las peleas entre hombres y mujeres es algo natural, sepa que si en cada familia existen conflictos ocasionales, no hay necesidad de resolverlos mediante la violencia. El maltrato es un crimen de abuso, poder y control. El golpeador piensa que tiene el derecho de controlar a su pareja y/o niños por cualquier medio, aún a través de los golpes.

La violencia no es aceptable ni justificable para solucionar problemas, aún cuando sólo sea ocasionalmente.

Si usted cree que la violencia intrafamiliar es un problema sólo de los pobres, sepa que no es así, pues se produce en todas las clases sociales, sin distinciones sociales, raciales, económicos, educativos o religiosos. Las mujeres maltratadas pobres son tan numerosas como la pobreza, y cuando buscan ayuda lo hacen en las entidades públicas por lo que figuran en las estadísticas, y tienen menores inhibiciones para hablar de lo que consideran "normal".

Las mujeres de más recursos buscan apoyo en la esfera privada y por ello no figuran en las estadísticas, además con más nivel social y educativo las dificultades para revelar el abuso es mayor. Pero la pobreza es siempre un factor de riesgo, pues implica un mayor aislamiento social.

Si piensa que los hombres violentos no pueden cambiar, se equivoca, pues los golpeadores pueden aprender a ser responsables de su propio comportamiento y pueden aprender modos no violentos de actuar o comunicarse. Los cambios sólo se producirán si toman conciencia de su problema y desean solucionarlo.

raulleisr@hotmail.com

 

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América