Cuando las cosas van mal... como a veces sucede
Juris Doctor
Permítaseme iniciar, como lo hiciera Kipling en su famosa oración, las siguientes reflexiones sobre lo recientemente acontecido en el World Trade Center, el Pentágono y el cuarto avión secuestrado y transformado en arma especialmente mortífera, por fanáticos suicidas resentidos con la política y hasta la sociedad norteamericana.
Más allá del daño irreparable a víctimas inocentes, cuyo único "delito" fue trabajar ese imperecedero martes 11, el mundo entero ha fijado su interés (al punto de posponer la atención de su problema nacional) en el impacto económico universal de lo acontecido. Sin embargo, estimo que las mayores consecuencias pueden ser de una naturaleza diferente a lo puramente monetario y bursátil.
En efecto, la caída precipitosa de la Bolsa de Nueva York, la capital económica del mundo, ha venido a acelerar un proceso de ajuste previsto, ya en marcha y hasta reiteradamente anticipado por años por parte de Greenspan y las autoridades de la Reserva Federal. Las matemáticas que rigen el liberalismo económico encontrarán su nivel y valores más realistas de los activos financieros del mundo de nuestros días.
Además, la economía interna de los Estados Unidos había sido saneada a un punto de superávit, que hizo posible al presidente Bush iniciar la devolución de impuestos ya pagados por los ciudadanos y las empresas. Esta situación de economía sólida y hasta ayer casi sin desempleo (muy distante de nuestra realidad panameña en que hemos pagando un promedio de 23% del presupuesto de los últimos once años en servicio a la deuda) le permitirá ahora al Gobierno Federal acudir en apoyo no solamente de las industrias de aviación y turismo, sino que, además, de otras actividades específicas que estime necesarias y proponga el Ejecutivo, para su ulterior aprobación del Congreso.
Partiendo de estas dos premisas, muchas personas sin odios comparables a los de los suicidas del 11 de septiembre y los muchos otros que parecen existir en diversas partes del planeta, estarán dispuestas a aceptar que los Estados Unidos de América no se ha transformado en la única superpotencia por pura casualidad. Algunos comprendemos que su poderío económico-militar es hijo de sus instituciones, de la auténtica separación de los órganos del Estado, de la importancia de su gobierno local, de su estímulo a la iniciativa individual, de su apoyo al agro, de su respeto a la autoridad legítimamente electa desde los días de la colonia, de las expectativas generalizadas de participación social de su gran clase media y de su ética ante el trabajo, entre otras razones.
Los Estados Unidos dista de ser una sociedad perfecta. Pero, ¿acaso no sería preferible que los ciudadanos del mundo nos preguntásemos -con amplitud de criterio- si contamos con suficiente autoridad cívico-moral para recriminar a otros pueblos?.
Quisiera terminar con una nota optimista. Los Estados Unidos no solamente continuará siendo un modelo universal, sino que será un modelo aún superior, después de estos acontecimientos. De hecho, ya se ha iniciado no sólo una renovación del sentimiento patriótico, sino que el país igualmente se ha embarcado en eso que ellos denominan un "soul searching" o búsqueda interior de sus fallas y de sus propias respuestas.