Cuando los elefantes pelean, las hormigas se protegen
Este, que pareciera ser un refrán para aplicar en la vida diaria, también tiene una manifestación política. A pesar de los esfuerzos legítimos y sinceros, y que han calado en algunos sectores de la sociedad panameña, de sacar al país de un bipartidismo que agotaría el sistema; la lucha entre los herederos de Omar y los herederos del Dr. Arias, sigue estando en la agenda del día como en sus mejores momentos.
Del lado del Partido Revolucionario Democrático, la contienda evidente es entre un alcalde con estilo empresarial y una ministra de Vivienda, con un formidable entronque social. Diría alguno que la mejor fórmula posible sería la de la unidad de ambos candidatos, aceptando uno de ellos la primera vicepresidencia, pero me temo que la política no funciona así.
Del lado del Partido Panameñista, la espera se da hasta que se concrete cuál de los tres candidatos será el investido por el poder de las primarias. Y lo más seguro es que la mayoría de la corriente opositora se pliegue a la propuesta del mayor partido opositor.
El país pareciera estar contestando la pregunta del agotamiento del bipartidismo, no con el recurso tradicional a una tercera fuerza -aunque es sorprendente y admirable el trabajo de los candidatos presidenciales que se han posicionado de este nicho-; sino con el intento de mejoramiento de la oferta política que proviene de los actores principales del bipartidismo.
Sea como fuese, los panameños no nos vamos a poder quejar de no tener candidatos presidenciales con experiencia probada en el manejo de la cosa pública, con hojas de vida envidiables, con trayectoria pública y/o privada comprobada, en una contienda para escoger al mejor o a la mejor; y para decidir si debe repetir la oferta del gobierno con alguna variable, debe existir alternancia en el poder con el adversario tradicional, o debemos romper la piñata por el medio, dándole la oportunidad a que una tercera fuerza fortalezca nuestras instituciones democráticas.