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Cuando no hay respeto viene la decadencia (II).


Rómulo Emiliani, cmf.

“Dime con quién andas y te diré quién eres”. Las amistades influyen mucho en uno. Cuando existe mucha gente así y los grupos que tienen poder para generar opinión pública generan falsas imágenes del ser humano, esto provoca más degradación, se va creando una cultura decadente que genera más acciones colectivas negativas. Esto llega inclusive, como lo vemos ahora, a ser una “cultura de la muerte”, entendiéndose por ella, la creación de estructuras mentales y materiales que incitan y conducen a destruirnos con los vicios, la violencia, la injusticia, la impunidad y el vacío de Dios.

¿ Y qué hacer para cambiar eso? Empezar por uno mismo, creando una mayor conciencia de lo que somos y de lo que son los demás. A más grado de “iluminación interior” que viene de Dios, de nuestra meditación y oración, más resurge el compromiso de cuidar ese gran tesoro que somos cada uno de nosotros. Al respetarnos, igual hacemos con los demás. El respeto que tiene como fundamento lo espiritual genera una veneración por el Dios que está en uno y en los demás. Ya uno ve a los demás como templos del Señor y comienza a tratar con reverencia a todos. Esos títulos que nos dan a los clérigos:” reverendo, excelencia, eminencia”, en verdad lo merecen todos los seres humanos, ya que son portadores de Dios, aunque algunos no lo sepan. El respetar a las personas por su misterio que descansa en el Señor nos ayudará a ir creando una nueva cultura en donde los derechos de todos serán promovidos y vendrá entonces la añorada paz. Todo esto se puede realizar en la medida en que confiemos en el Señor, pidamos su ayuda y actuemos como comunidad cristiana que evangeliza al mundo, sabiendo que con fe en El triunfaremos, ya que con Dios somos invencibles.

101 años de Panamá América

 
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