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¿Cuánto costará el agua?


Las antiguas civilizaciones históricas se establecieron junto o entre ríos caudalosos. Tenemos el caso palpitante de Babilonia, entre el Tigris y el Eufrates. Egipto floreció en las riberas del Nilo. Algún filósofo esculpió la frase lapidaria: "Egipto es un don del Nilo". Los ríos representan vida y los poetas los han comparado con el fluir de la existencia. "Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar". Los pueblos aprendieron a desviar los ríos y arroyos para regadío agrícola. Luego los represaron para almacenar agua durante las sequías y para su conducción a regiones lejanas. Los monumentales acueductos romanos asombraron a la humanidad. Los jardines colgantes de Babilonia lo maravillaron. Los israelíes hicieron florecer los desiertos con sus técnicas de riego por goteo. El agua es vida, condición "sine-qua-non" para la fisiología vital.
Con todo, el hombre moderno apenas se ha dado cuenta que la misma actividad agroindustrial está acabando con las fuentes de agua dulce. Las grandes esponjas reguladoras del almacenamiento natural del agua, que son los bosques, se talan inmisericordemente. Hacen caso omiso de los ilustrados llamamientos de los instintos para la conservación del medio ambiente. Pareciera que nuestros pueblos latinoamericanos opongan el descomedido derribe de los preciosos árboles por los denarios corruptos al científico tratamiento de nuestras selvas tropicales para asegurar su mantenimiento y multiplicación.
El Canal de Panamá funciona gracias al represamiento del Chagres. El tamaño o tonelaje de los barcos desde los pininos del canal francés se ha multiplicado 250 veces, de dos mil a medio millón de toneladas. Hoy son una realidad los supertanqueros de 150 mil y 250 mil toneladas. El proyecto de esclusas del barón de Lépina fue ignorado durante el Congreso Universal del Canal Interoceánico celebrado en París a finales del siglo XIX. Los norteamericanos, después de patinar con su iniciativa de un canal a nivel, tuvieron que reconocer la validez de los diseños del genial barón francés, con éxito abrumador. Pero las maquinarias que se emplearon hace un siglo se han sofisticado y modernizado en enorme proporción. Hoy no es un sueño el canal a nivel.
Propuse mi tesis del Canal a Nivel, con mi libro del mismo nombre en 1982, y la introduje en la Comisión Tripartita para los Estudios del Canal. Fue engavetada hasta cuando un nuevo miembro de la delegación norteamericana en dicha comisión descubrió mi libro en la biblioteca de la Comisión del Canal. Este organismo técnico concluyó que el canal a nivel no respondía adecuadamente a los problemas ecológicos y que era excesivamente costoso. Se manifestó que era inseguro para la navegación marítima. Yo he desvirtuado los dos últimos señalamientos. Aún hay economistas que consideran que un canal a nivel, que dejaría intactas nuestras fuentes de agua naturales dulces, vitales para la biodiversidad, el porvenir y bienestar de la vida en nuestro planeta, es muy costoso.
Turquía pidió 26 mil millones de dólares a Estados Unidos para permitir sobrevolar su espacio aéreo. Así acortaría en una o dos semanas la guerra contra Irak. Ahora bien, supongamos que los estrechos de los Dardanelos y del Bósforo tuviesen solamente 15 pies de profundidad en suelo parcialmente rocoso. Supongamos que el gobierno turco hubiese completado los estudios para profundizar dichos estrechos y el Mar de Mármara a 50 pies, para permitir el tránsito de naves Panamax, ¿creen ustedes que Estados Unidos hubiera vacilado un instante en aceptar la solicitud del gobierno de Turquía para financiar estos proyectos?
¿Podrían los países productores del petróleo del Medio Oriente negarse a contribuir con el financiamiento del Canal a Nivel con Ensenadas, el cual aportaría suficiente agua para hacer fructificar sus desiertos cuando su petróleo estuviera a punto de extinguirse?

101 años de Panamá América

 
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