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¿Cuánto debe costar el pasaje?


Es una lástima que no se entienda el problema del transporte público. Todas las decisiones, tanto de los transportistas como del gobierno, se basan en improvisaciones y emotividad, mientras que cientos de usuarios amanecen cada día con un estreno sorpresivo de posible aumento del pasaje y/o acciones de paro, huelga, o tranque de calles. El transporte público es un servicio esencial para la gente pobre que no tiene carro y que tiene que tomar un autobús para trasladarse a su trabajo, a las escuelas, hospitales, etc. Por esa razón, debe ser un servicio que se preste en forma eficiente, constante y económica. ¿Qué significa esto? Que independientemente de quién lo preste, ya sea transportistas, sindicatos, cooperativas, particulares o empresas privadas, el Estado tiene la obligación de garantizar que el mismo le permita a los miles de usuarios poder tomar un autobús a cualquier hora del día o de la noche. Además, el vehículo debe estar en buenas condiciones, ser cómodo, seguro, con buen trato de parte del conductor o palanca y el pasaje debe ser económico.
No hay forma de que se entienda que el pasaje no debe ser una cifra inventada ni improvisada. Este debe responder a un estudio permanente del costo de todos los elementos que componen la tarifa, donde se deben analizar todos los gastos en que incurre el transportista para prestar un buen servicio. Para establecer esta tarifa o pasaje por ruta y para su ajuste periódico, se tiene que tomar en cuenta el costo del combustible, de las llantas, baterías, accesorios, salario del conductor y su ayudante, piezas de repuesto, el capital invertido para la compra del autobús, el mantenimiento, el costo de reposición de la unidad, el número promedio de pasajeros que transporta diariamente, las distancias recorridas, el tiempo de recorrido cuando hay tranques y el congestionamiento vehicular a diferentes horas del día.
Por ejemplo, el caso del aumento del combustible es una parte importante de la tarifa; si el combustible aumenta 20 centavos por galón y el autobús recorre 10 kilómetros por galón y transporta en ese tramo un promedio de 20 pasajeros, el incremento en el costo de pasaje sería sólo de un centavo por pasajero. Igual ejercicio habría que realizar para el resto de los diferentes elementos de la tarifa que a diario sufre variaciones para arriba o para abajo. Y esto debe ser de conocimiento de los usuarios. Todos estos mecanismos deben ser transparentes, conocidos por la opinión pública, publicitados y explicados. En el análisis de esa tarifa deben participar representantes de los transportistas y de los usuarios, y un grupo técnico que maneje en detalle las variaciones de costo de todos los elementos que la conforman. Este análisis debe ser diario y no esperar a que surjan aumentos inesperados, como los del combustible, para reaccionar.
Por otro lado, no todas las rutas tienen igual costo; las más largas, como la de Tocumen, tienen mayor costo en consumo de combustible y desgaste del vehículo que las cortas, por la distancia recorrida. Por esta razón, considero que la unificación del pasaje en 25 centavos para todas las rutas fue injusta con los usuarios, ya que se produjo un subsidio cruzado entre usuarios de las rutas cortas, quienes subsidian a los usuarios de las rutas largas, función ésta que le corresponde al Estado y no a los particulares.
Considerando que el precio internacional del petróleo continúa subiendo y que el mismo ha incrementado el precio del combustible en Panamá, es deber del Estado analizar, urgentemente y a profundidad, la estructura tarifaria del transporte público y explicarle a toda la población usuaria del servicio y a los transportistas, cuál es el efecto real sobre el costo del pasaje por dicho efecto. Si de este análisis resultare un aumento tan considerable que sería demasiado gravoso para el bolsillo de los pobres, el Estado debe implementar temporal o permanentemente una política de subsidio del combustible, que podría implicar reducir el impuesto por galón de gasolina o diesel. El transporte público traslada diariamente a miles de personas, la mayoría pobre, conducido por conductores y palancas también pobres. Ambos necesitan reglas claras y políticas de protección del Estado para que el usuario pueda seguir usando el servicio y los transportistas no se perjudiquen ni desaparezcan.
Este es un tema urgente, serio y vital, que no permite improvisaciones y que, por sus repercusiones en la actividad económica del país, debe analizarse y resolverse con base en los costos reales del servicio.
(panconsult@cwpanama.net)
Endara es visto como un político con credibilidad porque cuando fue presidente de 1989 a 1994 reconstruyó la oxidada economía del país, dejando atrás los estragos de la dictadura del general Manuel Noriega en la década de 1980.
Endara ganó la elección de mayo de 1989, pero Noriega le impidió asumir la Presidencia al anular los resultados de los comicios. No obstante, Endara fue instalado en el poder en diciembre de ese año por Estados Unidos, que invadió Panamá para derrocar a Noriega. De resultar electo, Endara buscará revitalizar a la economía una vez más. Bajo Moscoso, la economía ha registrado un crecimiento anual promedio de 1.6 % desde 1999, contra 5% durante la década de 1990, según cifras oficiales.
Pero muchos están escépticos. "Yo no votaría por ningún político porque son unos corruptos y no hacen nada por el pueblo", dijo Gabriel, de 33 años, en la montaña de basura, mientras llenaba bolsas con detergente usado que más tarde esperaba vender.

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