Cuba. El gozo de tu hermano
El reciente anuncio dado a conocer el día 17 del corriente mes y año, por parte del presidente Barack Obama y Raúl Castro, mandatarios de los Estados Unidos de América y de la República de Cuba, respectivamente, sin duda alguna que sorprendió al mundo entero, sobre todo al colectivo de las naciones que integran el mapa geopolítico.
Lo medular del anuncio constituye la noticia basal de que se reanudaban las relaciones económicas, comerciales, financieras, políticas y demás, entre ambas naciones, y con lo cual se ponía —todo así lo indica— coto final al embargo económico más largo que se conoce, en la historia, que haya sido impuesto por una nación a otra y al tratarse del país más poderoso sobre la faz de la tierra —al menos eso se dice— arrastraba, bajo la política de la guerra fría a casi todas las naciones del mundo, sí, a excepción de México, que siempre demostró una política de buen vecino y de acercamiento, solidaridad y respaldo a la hermana República de Cuba.
Veintitrés -23- veces fue condenado dicho embargo o bloqueo comercial por parte de las Naciones Unidas; reivindicada Cuba en el seno de la OEA en el 2009, que había sido expulsada de dicho organismo, habiendo visto lo que significaba, en carne propia dicho cadalso comercial y de otro tipo, supo ese pueblo y su gobierno sobrevivir a costa de todo y a pesar de todo, volcándose a encontrar en el mundo europeo, básicamente, esa supervivencia comercial, política, etc., y que sin duda alguna el gran aliado soviético, en su momento, supo tirarle a Cuba enormes salvavidas que le permitieron mantenerse a flote.
Todo ello, por otra parte, sin soslayar la habilidad política del exmandatario Fidel Castro Ruz que, al ser abogado, político veterano, audaz, supo capear los temporales que le sobrevivieron, año tras año.
Cuba siempre se ha comportado como un gran león. Pero el momento tenía, inexorablemente, que llegar: el momento en que todas las naciones de América, como continente, retornáramos a nuestra unidad histórica, geográfica, política y, no hay que dudarlo, ese momento empieza a mostrarse con el anuncio dado en la tarde del 17 de diciembre de 2014 que, a no dudarlo, pasará a la historia universal, pero sobre todo a la historia de nuestra América India, como uno de los hitos históricos más relevantes de nuestro devenir y también de nuestro próximo futuro.
Debemos reconocer que Panamá, como nación, ha dado muchas muestras de solidaridad con Cuba. Siempre hemos sido amigos de Cuba, a pesar de algunos gobiernos que nunca supieron empinarse en la historia y, lejos de poner puentes en nuestras relaciones con la hermana república, distanciaban al Estado panameño de esas buenas relaciones —todos recordamos cómo un gobierno se prestó para proteger a los acusados de terrorismo y del atentado contra la vida de Fidel Castro en Panamá y también cómo les fue posibilitada la salida o fuga de Panamá; no obstante, de existir condenas penales en los tribunales panameños en contra de los tales.
Como abogado acusador o querellante que fui en ese proceso, en representación de las asociaciones estudiantiles de la Universidad de Panamá, califiqué dicho acto como “el escape de las hojaldres”, en ocasión de las panorámicas vistas que nos brindaron los medios de comunicación y en las que aparecían los actores de este fraude jurisdiccional degustando unas hojaldres. También como abogado me correspondió dictar sendas conferencias sobre los cinco cubanos detenidos ilegalmente en Estados Unidos, siendo que la liberación de tres que aun siguen presos, constituye parte del nuevo acuerdo, a como ya ha sido liberado el contratista estadounidense Alan Gross, quien había sido privado de su libertad en Cuba desde el 2009.
Panamá ha empezado, nuevamente, a dar muestras de mucho apoyo a la causa cubana. Una de las cosas, primarias, que debe hacer, sin duda alguna, es quitar de esa penosa lista de nacionalidades restringidas a los nacionales cubanos y plantear ante el Gobierno cubano un comercio libre fundamentado en el principio de la libertad de empresa y comercial.
Todo apenas empieza, es el inicio de un futuro que se presenta como promisorio para ambas naciones y para el resto de América. Aunque algunos congresistas republicanos y demócratas hayan expresado su rechazo al desbloqueo comercial, el mundo entero, la clase política, debe comprender que ya han sido superadas las viejas distinciones, bochornosas de un pasado inmediato, entre capitalismo y comunismo, siendo que ahora se erige o construye un discurso sano que gira en torno a la idea de que la hermandad entre las naciones necesita reconstruirse sobre el discurso de la democracia participativa, pluralista, ideológica y política, y máxime, sobre la importancia de vivenciar los derechos humanos, de modo que ambos conceptos no se queden en meras doctrinas o teorías románticas que anuncian que sí podemos construir un mundo mejor, un mundo promisorio en donde las grandes mayorías marginadas del planeta merecen mejores condiciones de vida, mejores días.
¡Enhorabuena lo que se ha anunciado! Felicidades, América, felicidades, Cuba. Alégrate, Panamá, con el gozo de un hermano: Cuba.