Cuba: Hacia el fin del embargo
La primera señal de que la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba no había sido en vano se dio con la reunión de la secretaria del Estado norteamericano, Madeleine Albright, con el Santo Padre, al mes siguiente de la gira del Pontífice a la asediada isla.
Nada trascendió de la reunión entre ambos, pero ni falta que hizo. A las pocas semanas, un vocero del Ejecutivo norteamericano se pronunció en favor de suavizar el embargo, que dura ya 35 años, cosa que se concretó hace poco, al autorizarse los vuelos directos entre Estados Unidos y Cuba, aumentarse el límite de los dineros enviados por cubanos residentes en Norteamérica a sus parientes en la isla, y autorizarse asímismo el despacho, por causas humanitarias, de alimentos y medicinas, por parte de organizaciones privadas.
Al poco tiempo, circuló por los corrillos diplomáticos que Estados Unidos había entregado al Papa una nueva lista de presos políticos, para que fueran liberados. La reacción del canciller cubano, Roberto Robaina, expresada personalmente al mismo Papa, fue drástica: manifestó a nombre de su gobierno, que rechazaba las donaciones de alimentos y medicinas y, en cambio, dijo que Cuba no necesita de limosnas sino del levantamiento total del embargo.
Recientemente, China y Cuba anunciaron la suscripción de un ambicioso convenio comercial que incluye el trueque de cereales por azúcar, la construcción de minicentrales eléctricas, el apoyo al sector educativo de la isla y la implementación de un programa de respaldo a su sector arrocero.
Tras el vacío creado por el derrumbe de la Unión Soviética, China se ha encargado de llenarlo presurosa, aun a sabiendas de que el rápido proceso de desintegración comunista, no le dio tiempo para asumir tan repentinamente el pesado papel de convertirse en polo de contrapeso político y económico de Estados Unidos, que diera al mundo al menos un toque de equilibrio.
Ahora nos llega el despacho de que, en un informe preparado para el Congreso norteamericano, el Pentágono acaba de contradecir el hasta ahora prevaleciente criterio de los sectores radicales de la ultraderecha cubana en Norteamérica, al opinar que Cuba no representa ya amenaza militar alguna para Estados Unidos, al tiempo que reiteró que no hay evidencias de que la isla cuente con armas químicas ni biológicas, ni que su gobierno esté implicado con el narcotráfico internacional.
El escenario está más que listo para una pronta "apertura de Cuba al mundo y del mundo a Cuba". Ya Castro dijo en febrero pasado: "de nuestra parte haremos lo que sea necesario".
Nada trascendió de la reunión entre ambos, pero ni falta que hizo. A las pocas semanas, un vocero del Ejecutivo norteamericano se pronunció en favor de suavizar el embargo, que dura ya 35 años, cosa que se concretó hace poco, al autorizarse los vuelos directos entre Estados Unidos y Cuba, aumentarse el límite de los dineros enviados por cubanos residentes en Norteamérica a sus parientes en la isla, y autorizarse asímismo el despacho, por causas humanitarias, de alimentos y medicinas, por parte de organizaciones privadas.
Al poco tiempo, circuló por los corrillos diplomáticos que Estados Unidos había entregado al Papa una nueva lista de presos políticos, para que fueran liberados. La reacción del canciller cubano, Roberto Robaina, expresada personalmente al mismo Papa, fue drástica: manifestó a nombre de su gobierno, que rechazaba las donaciones de alimentos y medicinas y, en cambio, dijo que Cuba no necesita de limosnas sino del levantamiento total del embargo.
Recientemente, China y Cuba anunciaron la suscripción de un ambicioso convenio comercial que incluye el trueque de cereales por azúcar, la construcción de minicentrales eléctricas, el apoyo al sector educativo de la isla y la implementación de un programa de respaldo a su sector arrocero.
Tras el vacío creado por el derrumbe de la Unión Soviética, China se ha encargado de llenarlo presurosa, aun a sabiendas de que el rápido proceso de desintegración comunista, no le dio tiempo para asumir tan repentinamente el pesado papel de convertirse en polo de contrapeso político y económico de Estados Unidos, que diera al mundo al menos un toque de equilibrio.
Ahora nos llega el despacho de que, en un informe preparado para el Congreso norteamericano, el Pentágono acaba de contradecir el hasta ahora prevaleciente criterio de los sectores radicales de la ultraderecha cubana en Norteamérica, al opinar que Cuba no representa ya amenaza militar alguna para Estados Unidos, al tiempo que reiteró que no hay evidencias de que la isla cuente con armas químicas ni biológicas, ni que su gobierno esté implicado con el narcotráfico internacional.
El escenario está más que listo para una pronta "apertura de Cuba al mundo y del mundo a Cuba". Ya Castro dijo en febrero pasado: "de nuestra parte haremos lo que sea necesario".