Cuba y los derechos humanos
A Felix y Sandra. No parece inoficioso reiniciar un debate sobre la realidad cubana, sobre su defensa irrestricta de los derechos humanos, sobre la calidad de vida del pueblo cubano hoy, y sobre su defensa de los principios del socialismo como forma de organización social y política. Lo es mucho más imprescindible por el hecho de la ofensiva actual de la política estadounidense en contra de la soberanía de los pueblos, como por los artículos que han empezado a escribir ilustres mercenarios cubanos al servicio de la reacción, en algunos diarios, que intentan vincular la política de la revolución cubana con los actos de terrorismo ocurridos en septiembre.
A dos artículos publicados en La Prensa y en La Estrella de Panamá que llaman, de manera directa, a la intervención del imperialismo en Cuba (artículos de R. Molina y de C. Montaner) se le suma, ahora, la pretensión de condenar a Cuba desde la Cámara de Diputados de Chile, en un acto de insólita intervención en los asuntos internos de Cuba, suscrito nada más y nada menos por el presidente de dicha cámara, Luis Pareto. Resulta una extraordinaria curiosidad y un acto de cinismo inaudito que este miembro prominente del Partido Demócrata Cristiano de Chile y golpista empedernido, suscriba un documento tal y no haya tenido el decoro de condenar los actos de terrorismo de Estado que su partido apoyó durante la dictadura de Pinochet. Y mucho menos cuando convive en una democracia con deficiencias notables. Para los que se olvidan, en el Chile de hoy existen senadores vitalicios, un consejo de seguridad con atribuciones totalitarias, un sistema electoral que impide la real representación popular y proporcional y una constitución política herencia de la dictadura de Pinochet. ¿Desde qué democracia critica la cámara chilena a Cuba?, ¿ Cuántos militares han sido juzgados por los crímenes de la dictadura chilena?, ¿ Cuántos golpistas de ayer son los demócratas de hoy o más bien, cuántos supuestos demócratas de hoy fueron golpistas ayer?, ¿Será que aprobar esa resolución es el camino más directo para obtener un TLC con Estados Unidos?, o ¿se trata de una campaña contra la izquierda con miras a las próximas elecciones parlamentarias? Todo puede ser. ¿Pero cuáles son los derechos humanos que supuestamente no se respetan en Cuba y que se respetarían en el resto del continente?. Los derechos humanos pueden ser catalogados de primera, segunda y tercera generación. Los de primera son los políticos y los de segunda son los sociales y económicos y se refieren a la educación, el trabajo, la salud y la vivienda entre otros. En Cuba, el respeto a cada uno de ellos es una realidad inobjetable, después de la revolución.
De acuerdo a los parámetros de la UNESCO, la educación en todos sus niveles es la más completa del continente. Se le asegura a todo estudiante, en cualesquiera nivel, un acceso a la educación incluyendo la especial, esto es la artística y la deportiva. Obviamente no se trata de un fenómeno meramente cuantitativo sino, sobretodo, cualitativo. La dedicación a las tareas de la enseñanza hace del maestro cubano un verdadero educador. Basta conversar con cualquier niño, adolescente o joven cubano para darse cuenta de sus niveles de formación, cultura y comprensión del mundo que vivimos.
En lo referente a la salud, ni qué decir. Los niveles de salud, la atención médica hospitalaria, alcanzados por la ciencia médica cubana son realmente excepcionales. Quizás lo más importante es que todos los cubanos tienen asegurado el derecho a la salud y totalmente gratuita como la educación. Como si fuera poco, Cuba practica la solidaridad, en materia de salud, con los países de la América nuestra, independientemente de su régimen social o político. También ocurre lo mismo con el trabajo voluntario interno. Es que el socialismo produce una conciencia nueva, porque produce un hombre nuevo. Aunque parezca propaganda, el derecho a la vivienda está asegurado en Cuba, es decir, ha dejado de ser mera retórica. Tanto por su canon de arrendamiento, como por los servicios públicos asegurados, la vivienda dejó de ser una mercancía objeto de especulación, para transformarse en un simple valor de uso.
Respecto a los derechos políticos, el cubano promedio posee una información de los acontecimientos mundiales y regionales que le permite participar en los debates de nuestro tiempo sin complejos y de manera racional. Las tribunas abiertas de la revolución y la gran marcha contra el terrorismo que convocó a cerca de un millón de personas, demuestra los grados de organización que tiene, hoy día, el pueblo cubano. De manera similar, se asegura el derecho a elegir sus propios representantes a los organismos políticos y, obviamente, el derecho a defender la patria que es de todos.
¿Y la existencia de partidos políticos plurales?. Como sé que por ahí viene la llamada crítica democrática voy a responder de inmediato. La pregunta que nos hacemos: ¿La existencia de diversos partidos políticos, por sí sola, asegura la democracia?. Si el cinismo y la mentira dominan el razonamiento la lógica respuesta debiera ser que sí. Pero la realidad y la historia del continente lo desmienten. Ninguna de las llamadas democracias continentales resiste el juicio de la historia. Ni son más democráticas que Cuba. Porque una democracia real sólo se puede basar en una igualdad irrestricta de sus ciudadanos. Y como dice Sartori, en un momento de sinceridad en su libro más débil, el apotegma de la igualdad de todos los hombres no parece ser una realidad comprobada de manera fáctica en las democracias capitalistas, si no más bien un ideal. El régimen chileno debería saberlo, sino ha perdido su memoria histórica. A menos que, ex profeso, quiera mentir diciendo que da lo mismo vivir en Apoquindo (barrio alto) que en la Estación Central.
A dos artículos publicados en La Prensa y en La Estrella de Panamá que llaman, de manera directa, a la intervención del imperialismo en Cuba (artículos de R. Molina y de C. Montaner) se le suma, ahora, la pretensión de condenar a Cuba desde la Cámara de Diputados de Chile, en un acto de insólita intervención en los asuntos internos de Cuba, suscrito nada más y nada menos por el presidente de dicha cámara, Luis Pareto. Resulta una extraordinaria curiosidad y un acto de cinismo inaudito que este miembro prominente del Partido Demócrata Cristiano de Chile y golpista empedernido, suscriba un documento tal y no haya tenido el decoro de condenar los actos de terrorismo de Estado que su partido apoyó durante la dictadura de Pinochet. Y mucho menos cuando convive en una democracia con deficiencias notables. Para los que se olvidan, en el Chile de hoy existen senadores vitalicios, un consejo de seguridad con atribuciones totalitarias, un sistema electoral que impide la real representación popular y proporcional y una constitución política herencia de la dictadura de Pinochet. ¿Desde qué democracia critica la cámara chilena a Cuba?, ¿ Cuántos militares han sido juzgados por los crímenes de la dictadura chilena?, ¿ Cuántos golpistas de ayer son los demócratas de hoy o más bien, cuántos supuestos demócratas de hoy fueron golpistas ayer?, ¿Será que aprobar esa resolución es el camino más directo para obtener un TLC con Estados Unidos?, o ¿se trata de una campaña contra la izquierda con miras a las próximas elecciones parlamentarias? Todo puede ser. ¿Pero cuáles son los derechos humanos que supuestamente no se respetan en Cuba y que se respetarían en el resto del continente?. Los derechos humanos pueden ser catalogados de primera, segunda y tercera generación. Los de primera son los políticos y los de segunda son los sociales y económicos y se refieren a la educación, el trabajo, la salud y la vivienda entre otros. En Cuba, el respeto a cada uno de ellos es una realidad inobjetable, después de la revolución.
De acuerdo a los parámetros de la UNESCO, la educación en todos sus niveles es la más completa del continente. Se le asegura a todo estudiante, en cualesquiera nivel, un acceso a la educación incluyendo la especial, esto es la artística y la deportiva. Obviamente no se trata de un fenómeno meramente cuantitativo sino, sobretodo, cualitativo. La dedicación a las tareas de la enseñanza hace del maestro cubano un verdadero educador. Basta conversar con cualquier niño, adolescente o joven cubano para darse cuenta de sus niveles de formación, cultura y comprensión del mundo que vivimos.
En lo referente a la salud, ni qué decir. Los niveles de salud, la atención médica hospitalaria, alcanzados por la ciencia médica cubana son realmente excepcionales. Quizás lo más importante es que todos los cubanos tienen asegurado el derecho a la salud y totalmente gratuita como la educación. Como si fuera poco, Cuba practica la solidaridad, en materia de salud, con los países de la América nuestra, independientemente de su régimen social o político. También ocurre lo mismo con el trabajo voluntario interno. Es que el socialismo produce una conciencia nueva, porque produce un hombre nuevo. Aunque parezca propaganda, el derecho a la vivienda está asegurado en Cuba, es decir, ha dejado de ser mera retórica. Tanto por su canon de arrendamiento, como por los servicios públicos asegurados, la vivienda dejó de ser una mercancía objeto de especulación, para transformarse en un simple valor de uso.
Respecto a los derechos políticos, el cubano promedio posee una información de los acontecimientos mundiales y regionales que le permite participar en los debates de nuestro tiempo sin complejos y de manera racional. Las tribunas abiertas de la revolución y la gran marcha contra el terrorismo que convocó a cerca de un millón de personas, demuestra los grados de organización que tiene, hoy día, el pueblo cubano. De manera similar, se asegura el derecho a elegir sus propios representantes a los organismos políticos y, obviamente, el derecho a defender la patria que es de todos.
¿Y la existencia de partidos políticos plurales?. Como sé que por ahí viene la llamada crítica democrática voy a responder de inmediato. La pregunta que nos hacemos: ¿La existencia de diversos partidos políticos, por sí sola, asegura la democracia?. Si el cinismo y la mentira dominan el razonamiento la lógica respuesta debiera ser que sí. Pero la realidad y la historia del continente lo desmienten. Ninguna de las llamadas democracias continentales resiste el juicio de la historia. Ni son más democráticas que Cuba. Porque una democracia real sólo se puede basar en una igualdad irrestricta de sus ciudadanos. Y como dice Sartori, en un momento de sinceridad en su libro más débil, el apotegma de la igualdad de todos los hombres no parece ser una realidad comprobada de manera fáctica en las democracias capitalistas, si no más bien un ideal. El régimen chileno debería saberlo, sino ha perdido su memoria histórica. A menos que, ex profeso, quiera mentir diciendo que da lo mismo vivir en Apoquindo (barrio alto) que en la Estación Central.