Cubiertos
Se dice del novelista Hemingway que en una ocasión, entró a almorzar en un restaurante de Nueva York. Cuando iba a retirarse, se le acercó uno de los camareros que no era el que lo había atendido y le dijo: -Señor, si me da usted un dólar no diré que se lleva uno de los cubiertos. - ¿Yo? ¡Que me registren! –No, no. Usted perdone. Lo que pasa es que en algunas ocasiones esto me ha resultado bien. –
Se sabe también que en un banquete de Estado con baile tras la comida, un monarca que tenía pendiente el nombramiento de un ministro de economía y finanzas, le solicitó a uno de sus acompañantes si podría darle una idea acerca de a quién nombrar para ese cargo y que, sobre todo, fuera honesto.
La respuesta fue: -Inmediatamente, y aquí mismo, Majestad. No tenéis más que mirar a los hombres que están bailando en este momento. Observaréis que algunos bailan muy recatadamente y otros se sacuden con mucha desenvoltura. Puede escoger de entre ellos, porque son los que no temen que se les caiga algún cubierto de los que llevan encima.