Cuentos y cuentas nacionales
Entre los hechos curiosos de la semana pasada se destacan, entre otras cosas, las declaraciones triunfalistas y llenas de satisfacción de un grupo de autoridades económicas, algunas nuevas y otras salientes, de acuerdo a las cuales se habría observado, pese a la crisis internacional, un crecimiento del PIB del 2.4% al comparar el primer semestre de este año con el segundo semestre del 2008. Lo que estas, sin embargo, omiten destacar es que se trata de una importante desaceleración, ya que si se compara el último trimestre del 2008 con igual período del 2007 se observa una tasa de crecimiento del PIB real del 9.2%. Más aún la nóveles y la antiguas autoridades económicas se cuidan de no llamar la atención de que 2.4% es menor que el 3% que los consabidos defensores criollos del neoliberalismo habían colocado como la cifra mínima absoluta para el crecimiento del PIB real.
La situación de desaceleración profunda de la economía, hábilmente disimulada por medio de la jerga tecnocrática, se puede observar mejor si se tiene en cuenta que al comparar el PIB real del segundo trimestre de este año con el observado en igual período del año anterior se muestra una tasa de crecimiento de apenas el 1.9%. Esta cifra, vale la pena señalar, es a su vez inferior a la del primer trimestre, la que al menos alcanzó al 3.0% y, sobre todo, muy inferior a la observada en el último trimestre del año pasado, la cual se colocó en 8.2%. La gravedad de la situación queda clara si se tiene en cuenta que la población panameña crece a una tasa de aproximadamente el 1.6% anual, por lo que el producto por persona en el país estaría creciendo en apenas el 0.3%. Estaríamos entonces, pese a que las autoridades no quieran reconocerlo, en un punto de práctico estancamiento económico. Esto se confirma, además, si se recuerda que la población económicamente activa del país venía creciendo a tasas cercanas al 2.0% anual.
Más importante que simplemente destacar la grave situación económica que enfrenta la nación es llamar la atención sobre dos elementos que resultan, a nuestro juicio, graves en términos de la transparencia y el futuro del país.
El primero se refiere a que los panameños y panameñas tenemos el derecho a estar adecuadamente informados sobre la situación real de la economía nacional, sin que esta sea maquillada con fines políticos o de otra índole. El segundo se refiere al hecho de que a esta altura las nóveles autoridades económicas no han presentado un plan económico coherente y articulado de cómo enfrentar el problema económico. Lo único que se ha visto es una política tributaria fragmentada y la promesa de presentar una estrategia financiera, de la cual los panameños desconocemos sus principios y lineamientos, la que, sin embargo, le costará al país cerca 2.5 millones de dólares.
jovajun@yahoo.com