Cuidado con el caciquismo
"Un estadista que ignora la forma en que se originan los acontecimientos es como un médico que no conoce las causas de las enfermedades que se propone curar". Dice una frase milenaria que política es el arte de gobernar; pero se ha comprobado que el arte de gobernar va mucho más allá de la política. Para gobernar bien a un país se requiere de gran capacidad, visión y tacto.
Ahora que estamos en las vísperas de inaugurar un nuevo gobierno, es muy conveniente que el presidente electo se inspire en nobles objetivos patrióticos.
Revisando la historia del país podemos comprobar que los buenos gobiernos fueron pocos; los mejores fueron casi siempre realizados por grandes estadistas. Los que fueron nada más que políticos, desembocaron en lamentables y microscópicos caciquismos. "Los que están conmigo recibirán los beneficios; los que están contra mí, los perjuicios". Ese fue el pensamiento que brilló durante la larga dictadura que sufrimos, y que también orientó a otros gobiernos infelices que le precedieron o vinieron después. Así no se hace una gran administración del Estado.
En el mundo oficial están temblando, porque a todos los que no votaron por el ganador los mandarán para su casa, para sustituirlos por quienes sí votaron, aunque no tengan la capacidad que requiera el cargo a ocupar. Eso lo debe tener en cuenta el señor Martín Torrijos. Gobernar con los mejores debe ser uno de sus objetivos, pues practicar el caciquismo de muchos de sus antecesores, sería repetir sus mismos errores.
Le recuerdo una anécdota de su padre. Estando el General Torrijos en cierta ocasión en Israel, vio la eficacia con que marchaban los asentamientos campesinos; y quiso lo mismo en nuestro país; pero después de varios años de haberlos instalado, no daban iguales resultados. Y, encontrándose un día con el embajador de Israel en Panamá le preguntó por qué en su país los asentamientos funcionaban con tanta eficacia y en Panamá eran un completo fracaso; y éste le contestó: "Porque usted los ha politizado, y esos asentamientos no funcionan con criterio político, sino con hombres de trabajo, capaces, que no tienen ninguna mira partidaria".
Sr. Martín Torrijos, no politice las instituciones del Estado; manténgalas lejos de la nefasta influencia del partidismo, del amiguismo y del caciquismo.
Cuando, la semana pasada, al regresar de un viaje por el extranjero, Torrijos hizo declaraciones públicas, mostró una cautelosa distancia respecto el plan "Mano Dura" de Moscoso y reiteró sucintamente sus planteamientos del año pasado. Este escrito no estaría justificado si no hubiera un problema que resolver: que mucha gente que dice que apoya a Torrijos se ha entusiasmado con la mano dura arnulfista, olvidándose que el planteamiento de su líder es muy distinto al de la mandataria actual. ¿Qué prevalecerá: el planteamiento responsable de quien hoy es el presidente electo o el desatino de arnulfistas y perredistas que piensan que la clave del éxito en la lucha contra el crimen radica en la cantidad de fuerza que despliegue la policía?
En los próximos días veremos cómo resuelve la Asamblea Legislativa esta prueba de liderazgo, que es al mismo tiempo una prueba de lealtad.
Ahora que estamos en las vísperas de inaugurar un nuevo gobierno, es muy conveniente que el presidente electo se inspire en nobles objetivos patrióticos.
Revisando la historia del país podemos comprobar que los buenos gobiernos fueron pocos; los mejores fueron casi siempre realizados por grandes estadistas. Los que fueron nada más que políticos, desembocaron en lamentables y microscópicos caciquismos. "Los que están conmigo recibirán los beneficios; los que están contra mí, los perjuicios". Ese fue el pensamiento que brilló durante la larga dictadura que sufrimos, y que también orientó a otros gobiernos infelices que le precedieron o vinieron después. Así no se hace una gran administración del Estado.
En el mundo oficial están temblando, porque a todos los que no votaron por el ganador los mandarán para su casa, para sustituirlos por quienes sí votaron, aunque no tengan la capacidad que requiera el cargo a ocupar. Eso lo debe tener en cuenta el señor Martín Torrijos. Gobernar con los mejores debe ser uno de sus objetivos, pues practicar el caciquismo de muchos de sus antecesores, sería repetir sus mismos errores.
Le recuerdo una anécdota de su padre. Estando el General Torrijos en cierta ocasión en Israel, vio la eficacia con que marchaban los asentamientos campesinos; y quiso lo mismo en nuestro país; pero después de varios años de haberlos instalado, no daban iguales resultados. Y, encontrándose un día con el embajador de Israel en Panamá le preguntó por qué en su país los asentamientos funcionaban con tanta eficacia y en Panamá eran un completo fracaso; y éste le contestó: "Porque usted los ha politizado, y esos asentamientos no funcionan con criterio político, sino con hombres de trabajo, capaces, que no tienen ninguna mira partidaria".
Sr. Martín Torrijos, no politice las instituciones del Estado; manténgalas lejos de la nefasta influencia del partidismo, del amiguismo y del caciquismo.
Cuando, la semana pasada, al regresar de un viaje por el extranjero, Torrijos hizo declaraciones públicas, mostró una cautelosa distancia respecto el plan "Mano Dura" de Moscoso y reiteró sucintamente sus planteamientos del año pasado. Este escrito no estaría justificado si no hubiera un problema que resolver: que mucha gente que dice que apoya a Torrijos se ha entusiasmado con la mano dura arnulfista, olvidándose que el planteamiento de su líder es muy distinto al de la mandataria actual. ¿Qué prevalecerá: el planteamiento responsable de quien hoy es el presidente electo o el desatino de arnulfistas y perredistas que piensan que la clave del éxito en la lucha contra el crimen radica en la cantidad de fuerza que despliegue la policía?
En los próximos días veremos cómo resuelve la Asamblea Legislativa esta prueba de liderazgo, que es al mismo tiempo una prueba de lealtad.