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Cuidado con los envidiosos (II)


La envidia hace estragos en la convivencia humana. Santiago, 3,16 dice: "Pues donde existen envidias y espíritu de contienda, allí hay desconcierto y toda clase de maldad". La envidia es madre y fuente de odio, como el que demostraron a José sus hermanos, intentando con eso matarlo (Cfr. Gen 37,4). La envidia lleva incluso a cometer el crimen más espantoso, cuando Caín mata a su hermano Abel. La envidia viene de Satanás: "Mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen"(Sab. 2,24).

Dice San Basilio que: "Así como los buitres, que pasan volando por muchos prados y lugares amenos y olorosos sin que hagan aprecio de su belleza, son arrastrados por el olor de cosas hediondas; así como las moscas, que no haciendo caso de las partes sanas van a buscar las úlceras; así también los envidiosos no miran ni se fijan en el esplendor de la vida, ni la grandeza de las obras buenas, sino en lo podrido y corrompido; y si notan alguna falta de alguno (como sucede en la mayor parte de las cosas humanas) la divulgan, y quieren que los hombres sean conocidos por sus faltas". El mismo Basilio dice que" el envidioso no haya médico para su enfermedad ni puede encontrar medicina alguna que lo libre del mal….El único alivio que espera es el ver caer a alguno de aquellos a quienes envidia".

Cuidado nosotros con caer en la envidia, porque el gran daño que buscamos nos lo hacemos a nosotros mismos. Que el Señor nos dé fuerzas para superar ese mal del alma y si alguno es víctima de un envidioso, que sepa resistir con misericordia y comprensión al que padece de esa enfermedad y que le pida al Señor libere al envidioso porque con Dios podemos sanarnos, ya que con El somos invencibles.

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