¡Cuidado! No se deje arrancar el presente
Vivimos temerosos y aturdidos, llenos de continuos sobresaltos por noticias, rumores, hechos tenebrosos que ocurren en la esquina del barrio o en el confín del mundo. Por nuestra mente pasan inciertos fantasmas que llenan el futuro de muerte, fracasos, ruinas económicas, pérdidas de mil cosas que parecieran imprescindibles. “Ay de que pierda esto o aquello”. El miedo nos corroe el alma y nos arranca el presente, único lugar y tiempo en donde somos realmente personas. Porque aunque uno lo sea esencialmente, no se es persona plena con la mente divagando, desconcentrada, perdida en el espacio, temblorosa y angustiada, dando tumbos como abejorros de mayo. Para que existan actos humanos, que nos ayudan a ser personas, se necesita libertad, decisión, estar alertas y despiertos, poner corazón en lo que se realiza, pensar y ser conscientes de lo que se hace. Muchas acciones nuestras están viciadas de contenido, ya que su impronta es la inconsciencia, la falta de responsabilidad y su alta superficialidad. Nos mueven las pasiones, los instintos, la inercia de hacer siempre lo mismo, las preocupaciones por lo que viene y la culpa por lo que pasó. Esto es un suplicio y no nos permite realizarnos plenamente. Esto nos sucede a nivel personal, pero es lamentable que a nivel comunitario, social, sea tan común. Esclavos de la moda, de vicios y diversiones insanas, pensando como otros quieren que pensemos, manipulados por poderes que nos hacen ver las cosas a su manera, una masa “amorfa” es movida a donde quiera por algunos. Y esto siempre ha sido peligroso.
Podría decir, con perdón, que hay actos nuestros que no se diferencian casi en nada del que realiza un perro cuando olfatea y busca un hueso. Distraídos en la vida abrimos la nevera de la casa buscando un refresco, activamos el televisor y tontamente nos quedamos fijos en la pantalla viendo cualquier cosa sin analizarla, gustarla o rechazarla. Y ahí nos quedamos. Hablamos con una persona, oímos y no escuchamos y al final no sabemos nada de la revelación de su alma ya que nuestra mente estaba en otra parte. Cuántos padres han perdido ocasiones preciosas para atender y entender a sus hijos por no poner atención, por no estar “en el presente” con ellos. Y así nos sorprendemos diciendo cosas sin sentido, superficiales y hasta ofensivas, sin conciencia de lo que hablamos, o nos pasamos un semáforo distraídos y atropellamos a alguien, o perdemos la oportunidad de hacer un gran bien, por no estar conscientes, alertas, viviendo el presente.
(Sigue el próximo sábado).