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Cultura y comunidad participativa


Escribíamos el miércoles pasado que la cultura no puede ser un apéndice, ni estar subordinada a otras dinámicas que la desvirtuarían, por el contrario lo esencial es la construcción de una política cultural con visión de estado, coherente, descentralizada, transversal a las diferentes entidades y diversos campos, con metas específicas, personalidad jurídica, autonomía de gestión y recursos suficientes, que se inserte como un eje articulador en el desarrollo económico y social del país.

Hoy, nos preguntamos ¿Pero qué es una política cultural? Néstor García Canclini, la concibe como el conjunto de acciones que realizan diversos agentes para orientar el desarrollo simbólico, satisfacer las necesidades culturales y obtener consenso o disenso sobre un tipo de orden social.

Por ello una política cultural no puede ser diseñada por un único actor, se convertirá en un producto estéril y distorsionado. Si solo el gobierno es el que la construye será marcado por el "patrimonialismo o dirigismo estatal", o si el actor es únicamente el mercado, será marcada por el "mercantilismo cultural" o la "privatización" de la vida cultural.

Según José Joaquín Brunner, el mercado no puede gestionar autárquicamente la cultura por tres razones:

Porque toda cultura es ante todo un espacio y un proceso de sedimentación de memorias, con largas o medias temporalidades y, lo que produce el mercado es todo lo contrario; El mercado no puede crear los vínculos sociales entre los sujetos que constituyen comunicativamente el sentido colectivo de la vida, ya que él opera evanescente y anónimamente; La cultura necesita y produce una enorme tasa de innovación que surge de las diferencias y conflictos de toda sociedad y, el mercado muchas veces opera por exclusión o estandarización.

Las políticas culturales deben construirse plural y participativamente, por los diversos y múltiples actores presentes en la sociedad, pues las políticas culturales públicas son del Estado y la sociedad entera, y debe llenar el vacío de la ausencia de políticas culturales que ha caracterizado nuestra sociedad.

La participación tanto en la formulación como en la puesta en escena de la política cultural, se concreta en la medida que los diversos actores, la comunidad, se encuentren bien informados, consigan opinar sobre las diversas opciones a seguir, y avancen en el proceso de toma de decisiones sobre las políticas y los medios que deben desarrollarse para el logro de los objetivos propuestos.

Así, la noción de cultura adquiere sentidos de vivencia y pertenencia, en lugar de ser una noción difusa para tornarse un proceso de participación creadora de nuevos valores y significados, compartidos en la cotidianidad, y asumidos vitalmente por todos y cada uno de los actores de la comunidad participativa.

Por todo ello, la cultura no puede ser vista como algo instrumental, pegada a los deportes (como fue hace unas décadas) o subordinada al turismo como se pretende hoy, sino por el contrario como la edificación de un sistema nacional de cultura que vertebre la política pública cultural que el país necesita.

Ojalá el espacio de la Feria del Libro, se convierta además de una rica muestra e intercambio de saberes, en parte del necesario debate sobre el devenir de nuestra cultura, pues los tiempos nos desafían a abrirnos a un espacio pluricultural, donde se transiten con ojos abiertos y oídos receptivos en la interacción de dinamismos culturales, pletóricos de complicidades y seducciones.

(raulleisr@hotmail.com)

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