Cultura y violencia
La violencia y la cultura no son entidades separadas. Inclusive, hay quienes aseguran que la globalización de la economía y la supremacía del mercado por sobre las necesidades sociales marcan un viaje con difícil retorno hacia la violencia.
Estas transformaciones en los planos económico, político y sociológico generan, a su vez, modificaciones sustanciales en la cultura. Es así pues, la búsqueda del bien común como objetivo primordial de la sociedad pasa a un plano secundario, y se entroniza de manera prioritaria la productividad.
La violencia se encuentra íntimamente asociada con la frustración, la impulsividad y la irreflexión. A esto, agreguémosle un sistema que favorece la exclusión, que refuerza la competitividad en detrimento de la solidaridad, el individualismo por encima del bien común, y el consumo por la honestidad.
Cualquier intervención efectiva para detener la escalada de violencia pasa por una transformación de nuestra cultura. Cualquier intervención a nivel microsocial, sin un contexto macrosocial favorable, terminará siendo un remiendo; y cualquier programa macrosocial que no tome en cuenta y permita la participación activa de la mayoría de la población terminará siendo otra buena intención que se diluye en una realidad contradictoria y en la contracultura.