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Cumbre de la Salud en México


EN NOVIEMBRE se realizó la Cumbre de la Salud, reunión programada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de las Naciones Unidas. 29 ministros de Salud y otros 55 funcionarios de naciones de América, Europa, Africa y Asia acudieron a la Ciudad de México para motivar a los sectores públicos y privados a enfocar mejor la investigación sobre la salud. Su premisa fue que a pesar de que la inversión mundial en materia de salud se ha triplicado en los últimos 20 años a unos 106 mil millones de dólares, los países en vías de desarrollo están obteniendo poco de los frutos de esa inversión. Esta fue la primera vez que los ministros de Salud del mundo se reunen para discutir sobre la investigación científica en una Cumbre de este tipo.
En entrevista a los medios, el Director Adjunto de la OMS, Tim Evans, arengó a "despertar, ya que los problemas de salud son un obstáculo al progreso de los pueblos". Los altos precios de los nuevos medicamentos y la falta de investigación sobre enfermedades del tercer mundo fueron los temas recurrentes de crítica a la industria farmacéutica. Activistas y organizaciones no gubernamentales acusaron también a esta industria de imponer altos precios, de influenciar a los médicos para que receten medicamentos caros y dejar que motivos comerciales influyan en los resultados de las investigaciones clínicas.
Con gran énfasis, la ONG "Medicins sans Fontieres" acusó a la industria de no desarrollar medicamentos para enfermedades que afectan únicamente a los países pobres. Otra ONG dirigida por James Love, "Consumer Project on Technology" llamó moralmente repugnante financiar la investigación y el desarrollo cargando precios exorbitantes a los medicamentos que necesitan los enfermos.
En paralelo a la Cumbre de la Salud se realizó la reunión del Foro Mundial para la Investigación para Salud con el objetivo de ayudar a cerrar la llamada "brecha 10/90". La investigación para la salud es esencial; cada año más de 70 mil millones de dólares se invierten en investigación y desarrollo tanto por el sector público como el privado. Se estima que sólo un 10% de estos fondos va dirigido a investigación que afecta al 90% de los problemas mundiales de salud; esto es lo que se conoce como la "brecha 10/90". El objetivo central del Foro fue corregir esa brecha, impulsando la investigación hacia enfermedades que afectan a la mayoría de la población mundial. Los asistentes a este Foro incluyeron representantes de la industria farmacéutica, investigadores, médicos, profesores y estudiantes.
La defensa oficial de la industria farmacéutica estuvo a cargo de Harvey Bale, Director General de la Federación Internacional de la Industria Farmacéutica. Bale apuntó que los críticos no prestan atención a la excelente investigación que se ha llevado a cabo sobre enfermedades comunes en los países en vías de desarrollo, como oncocercosis, polio, elefantiasis y el nuevo proyecto para desarrollar una vacuna contra la malaria. Bale dijo que es verdad que muchos medicamentos no están llegando a la gente y que es necesario un esfuerzo concertado entre los gobiernos, los fabricantes y el comercio.
Muchos de los empresarios asistentes al Foro indicaron incredulidad ante la arrogancia de los funcionarios de salud pública que pretenden manejar los proyectos de investigación de la empresa privada. Muchos de estos burócratas no saben cómo llevar a cabo estas investigaciones, pero tratan de erigirse como expertos sólo por tener un cargo público.
Algunos representantes de laboratorios pequeños que compiten con las grandes empresas transnacionales en países en vías de desarrollo mostraron también disgusto al ser relegados por las burocracias, quienes les niegan su capacidad de desarrollar medicamentos para problemas locales, dado sus conocimientos de los problemas de sus comunidades.
La declaración oficial emitida al cerrar La Cumbre de la Salud reiteró que la investigación científica es esencial para eliminar la desigualdad en el acceso a la salud, pero reconoció así mismo que los gobiernos deben hacer un trabajo mejor en la instrumentación de políticas públicas. Por otro lado, en sus conclusiones finales, los participantes al Foro Global retaron a los gobiernos a mejorar los sistemas de salud pública de manera que los medicamentos disponibles puedan llegar pronta y eficazmente a las personas que los necesitan.
(*) Analista mexicano.
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No creo que debe haber ningún organismo de ningún tipo proponiendo ternas, pues ello siempre se prestaría a la componenda y a la trampa. Lo único que se necesita es introducir un par de reglas de procedimiento al sistema actual. Primero, que la ratificación no puede hacerse antes de 60 días luego de hecha la designación, durante los cuales la Comisión de Credenciales, (aquí sí) con apoyo de la sociedad civil, organizará audiencias públicas para examinar, no solo los títulos formales del funcionario, sino también su idoneidad ética y profesional. Segundo, que la ratificación se haga por dos tercios del Legislativo, pues no debe bastar una simple mayoría, y menos una mayoría partidaria, para hacer un nombramiento cuyo periodo de duración duplica el del Ejecutivo y el Legislativo.
Pero Torrijos no le permitirá a la ciudadanía un escrutinio a fondo de sus designaciones, pues las ratificaciones deben verificarse antes de fin de año y solo faltan dos semanas, en medio de las cuales está la Navidad.
Como esto no es una evaluación, no creo necesario mencionar "las cosas buenas" que ha hecho Torrijos. La única frase de todas las que se atribuyen a su padre, que siempre me gustó, fue aquella "Díganme lo malo, que lo bueno ya lo sé".
Indudablemente, se han registrado avances importantes en materia de transparencia y rendición de cuentas.
El renglón que registra un déficit es el relativo a la participación ciudadana, pues pareciera que nadie en el gobierno sabe cómo hacer eso, sin caer en la telaraña de los partidos, o en el magma de las organizaciones sindicales, profesionales y empresariales. Mientras lo averiguan el tiempo pasa y el país, con impaciencia, espera.

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