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Cumbre Latinoamericana de La Habana


Cuba ha asumido un riesgo calculado al echar a andar la actual Cumbre Iberoamericana en su capital. Si logra sortear las intentonas de su exigua disidencia interna, tal cual hizo con la visita del Papa Juan Pablo II, se habrá anotado un segundo triunfo diplomático sobre Estados Unidos en menos de un mes.
Aún resuena por los pasillos adyacentes al salón de reuniones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la aplastante repulsa de 155 votos contra 2 que por octava vez rechaza el bloqueo estadounidense contra Cuba y su instrumento, la Ley Helms-Burton, mediante la cual el Senado norteamericano procura desalentar la inversión extranjera en la isla.
Ante semejante votación, la representación de Estados Unidos solo atinó a sostener que el embargo económico de 40 años es "un asunto bilateral". Bajo tan absurdo argumento, no es difícil que Serbia sostenga lo mismo con respecto a Kosovo y que Corea del Norte haga lo propio con su homónima del Sur.
Evidentemente, 155 votos nada hacen a Estados Unidos, única superpotencia mundial sobreviviente tras la "Guerra Fría"; pero la fuerza moral del pronunciamiento es tremendo si se toma en cuenta la tradicional costumbre norteamericana de respaldar sus acciones militares, como las de Somalia, Irak, Yugoslavia y Kosovo, con resoluciones de esa organización mundial. Obviamente, es contradictorio que en determinadas situaciones sea buena la ONU mas no en otras, cuando no conviene a sus intereses.
La batalla por el embargo de Cuba está perdida. Tal medida no arroja en cuatro décadas resultado alguno, con el agravante de que, conforme pasa el tiempo, se debilita el apoyo interno en Estados Unidos. Cada vez son más frecuentes y autorizadas las disidencias de importantes personalidades, como recientemente, el gobernador republicano de Illinois, George Ryan. Todo el mundo, dentro y fuera del país, salvo un sector extremista de Miami, quiere normalizar relaciones con Cuba.
Naturalmente, la Cumbre será aprovechada por varios estadistas presentes que harán contactos y justificados llamados a favor del retorno de la democracia en la isla. Pero hasta para ello habrá seguramente una respuesta tan contundente como cierta: Mal puede haber democracia cuando a tan solo 12 millas hay un acérrimo enemigo que mantiene bloqueado al país y que conspira constantemente contra su gobierno. En semejante situación, de virtual estado de sitio y perenne pie de guerra, mal puede haber lugar para la democracia. ¿Es menester acaso un mejor pretexto? Hay que levantar cuanto antes el bloqueo. Cada minuto de tardanza, fortalece el status quo.


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