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Daño irreparable


LAS EXPLICACIONES que hemos leído de quienes dirigen la Educación Especial bajo la actual Administración no llenan nuestras expectativas. Dejan más interrogantes que respuestas.
Si el Instituto Panameño de Habilitación Especial no va a ser cerrado, nos preguntamos, ¿cuál será su papel en el nuevo concepto de educación inclusiva? Por tal se entiende la inserción de los alumnos discapacitados en escuelas regulares, entremezclados con los demás estudiantes sin discapacidad.
Nos preocupa que se parta de una base errónea, que es el asumir que todos los estudiantes son iguales, trayendo el concepto de la revolución francesa al proceso enseñanza-aprendizaje. Y no es cierto. Cada alumno es distinto, tiene sus peculiaridades, sus fortalezas y debilidades. La igualdad siempre fue un mito. Y cuando se construye sobre bases falsas, el destino final será el derrumbe de todo lo edificado.
Precisamente allí radica la causa de los fracasos y la mediocridad del producto de nuestra educación actual. En no reconocer las desigualdades y en no proveer el tratamiento especial que corresponde. Si hay estudiantes buenos en matemáticas, lo indicado es subirles el nivel sobre los demás alumnos regulares, para que rindan al máximo; y no limitar su potencial al llevarlos al mismo ritmo, más lento, que el resto de sus compañeros.
Propugnamos por eso que, del mismo modo que es menester dispensar una educación especial de punta, para los estudiantes excepcionales, que lindan los límites de la genialidad -que los tenemos por decenas y que se están perdiendo- se debe proveer igualmente una enseñanza especial para los discapacitados. De lo contrario, se les va a infligir un daño irreparable.

101 años de Panamá América

 
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