default

Dar lo mejor de ti


Son varios los roles que hemos de desempeñar a lo largo de la vida, sin embargo llegar a alcanzar la santidad a través de ellos, es una tarea muy difícil que supone: cultivar la parte espiritual con el mismo empeño con que enriquecemos la intelectual y corporal, ejercitar diariamente las virtudes humanas y recomenzar cada día. Es todo un reto que debemos plantearnos en el aquí y el ahora porque, "el santo no nace: se forja en el continuo juego de la gracia divina y de la correspondencia humana" (Amigos de Dios).
Esta aspiración se puede implementar si en nuestro diario vivir tenemos presente que los santos son personas como nosotros, comunes y corrientes, de carne y hueso que tienen presentes sus flaquezas y debilidades, para poder luchar contra ellas. Nos puede animar el comentario de la renombrada periodista Pilar Urbano: "Los santos son gente afable, alegre, sencilla, desolemnizada y sin afición a las tragedias; más fáciles a la sonrisa que al rictus, más amigos de la conversación coloquial que del engolado sermonario. Los santos son gente que, despegados de su honra, han convertido el sentimiento del honor en sentido del humor" (El hombre de Villa Tevere). El Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, a los hombres y mujeres del siglo XXI nos recuerda que todo cristiano(a), desde el momento en que recibe el sacramento del Bautismo, "está llamado a la plenitud de la vida cristiana" (Fernández-Carvajal, 1997.). Esto supone "poner a Cristo en la entraña de todas las actividades humanas" (Conversaciones 59).
El 2 de octubre de 1928, le fue encomendada por la Providencia divina: "abrir a los fieles de todas las condiciones sociales un camino ancho y seguro de santificación en medio del mundo, a través del cumplimiento con perfección y por amor a Dios, del trabajo profesional y de los deberes de la vida ordinaria" (Decreto sobre la heroicidad de las virtudes).Se abría así un camino nuevo en la iglesia, dirigido a promover la santidad y el ejercicio del apostolado, mediante la santificación del trabajo ordinario, en medio del mundo y sin cambiar de estado (Es Cristo que pasa).
"Todo trabajo humano honesto, intelectual o manual, debe ser realizado por el cristiano con la mayor perfección posible... porque hecho así, ese trabajo humano, por humilde e insignificante que parezca la tarea, contribuye a ordenar cristianamente las realidades temporales y a manifiesta su dimensión divina- y es asumido e integrado en la obra prodigiosa de la Creación y de la Redención del mundo: Se eleva así el trabajo al orden de la gracia, se santifica, se convierte en obra de Dios" (Es Cristo que pasa). El Papa Juan Pablo II define la santidad como la alegría de hacer la Voluntad de Dios (Antología de Texto). Ahora bien, implementemos esta difícil tarea sobrenatural, en el plano terrenal.
En esos roles diarios en los que nos desempeñamos nuestro empeño debe ser el tener como meta ofrecerlo a Dios. Y como aconsejaba San Juan de la Cruz, "en todo momento hay que poner amor donde no hay amor, para sacar amor". Usualmente no se nos presentan hazañas deslumbrantes en las que tengamos la oportunidad de santificarnos. Sin embargo, diariamente nos faltan ocasiones para demostrar a través de lo pequeño y en el cumplimiento fiel de las obligaciones habituales de la jornada, el amor que le tenemos a Dios, con esas luchas que llenan de gozo al Señor y que sólo El y cada uno de nosotros conocemos (Amigos de Dios: Homilías) Se trata de santificar el hogar, día a día, creando con cariño un ambiente de familia en el que se practiquen la prudencia, la lealtad, la sinceridad, la humildad, el trabajo y la alegría entre otras. Con fe y esperanza se han de enfocar los problemas pequeños o grandes. Con caridad se comparten las alegrías y sinsabores y se aprende a sonreír, olvidándose de las propias preocupaciones para poder atender las necesidades de los demás. La paciencia, la comprensión y el amor se demuestran a través del escuchar al cónyuge y a los hijos, pasando por alto los roces diarios que no tienen importancia. El Beato Josemaría señalaba que: sólo quien se olvida de sí y se entrega a Dios y a los demás puede ser dichoso en la tierra, con una felicidad que es preparación y anticipo del cielo" (Es Cristo que pasa) En la profesión u oficio, cual sea que realicemos, debemos cultivar la puntualidad, la honradez, y el esfuerzo, poniendo especial empeño en lo que hacemos. Debemos evitar las distracciones y el mal empleo del tiempo ya que de nuestro trabajo dependen otras personas para continuar el suyo.
El Opus Dei ofrece y regala a hombres y mujeres alrededor del mundo entero, una sólida formación doctrinal, ascética y apostólica a través de los medios de formación, cursos de retiro espiritual y dirección espiritual con la dirección y guía de sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y de otros miembros laicos del Opus Dei.
Para ello debemos ser humildes y sencillos de corazón. Debemos crecer en la vida interior recurriendo a los medios indispensables para conseguir una sólida piedad: la oración, la frecuencia de Sacramentos, el examen de conciencia. La lectura espiritual, el trato continuo con la Virgen María y recurriendo a la intercesión de los ángeles custodios.
Debemos entonces preguntarnos, basados en la condición y posición que ocupamos dentro de nuestra familia y entorno social cuál es el camino al que Dios nos ha llamado y cuál es el que yo me he trazado. La conversión es cosa de un instante, la santificación es tarea para toda la vida, decía el beato Josemaría. Por ello, es indispensable estar dispuestos a recomenzar cada día. Es necesario un examen hondo, en el que podamos conocernos mejor a nosotros mismos, sepamos pedir perdón, proponernos a ser "medianamente buenos" y ser tan humildes de corazón como el beato Josemaría, a quien Pablo VI llegó a decirle después de un rato de hablar con él: ¡Usted es un santo! y , a quien el beato responde de manera espontánea, vivaz y sincera: "aquí, en la tierra, no hay más que un santo: El Santo Padre (Pilar Urbano).
El pasado 26 de junio se cumplieron los 25 años de su marcha al cielo. Su vida se condensaba en una frase que repetía: "ocultarme y desaparecer es lo mío, que sólo Jesús se luzca". Nos sentimos felices y conmemoramos este aniversario porque en su paso por la tierra nos obsequió... un precioso modelo de santidad.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América