Dar paso a caras nuevas
La Asamblea Legislativa es un órgano del Estado clave para lograr el progreso y desarrollo de la República; de allí que su integración esté determinada por la presencia de mujeres y hombres probos, honestos, inteligentes y conocedores de los problemas más importantes de la comunidad nacional, a fin de legislar de tal manera que las leyes sean instrumento de bienestar para todos.
Dolorosamente, son muy pocos los legisladores actuales que están a la altura de dichas responsabilidades, y una gran mayoría de ellos debe dar paso a caras nuevas que aspiran una curul en las elecciones de mayo de 2004.
Si los panameños comenten el error de respaldar con su voto a legisladores que no se han hecho acreedores a una reelección, el país continuará de tumbo en tumbo y su futuro será incierto frente al reto de un centenario cargado de graves responsabilidades.
Casi al final de la administración de la presente Asamblea Legislativa, es muy poco lo que se ha logrado por la solución de álgidos problemas que sufre la nación. Allí están las tarifas de la energía eléctrica, del teléfono, la falta de caminos de penetración, de viviendas, de agua; el problema del agro, de la Caja de Seguro Social, esperando la acción de los honorables "Padres de la Patria", quienes a pesar de los elevados salarios que devengan y de los tantos privilegios, continúan aferrados a la política partidista y a las ambiciones personales.
El caso de CEMIS y el ausentismo permanente son manchas que han empañado la imagen de Panamá, y nos hablan de un órgano del Estado que ha llegado a su máxima corrupción.
El país necesita sabia nueva en el Legislativo, nuevos dirigentes que con estudios nacionales y programas de Estado bien concebidos, colaboren con el gobierno central a enrumbar a la nación por caminos de desarrollo y de progreso; legisladores que crean en los valores éticos y morales y que, desde su curul, sean ejemplo de honestidad, trajo responsable y capacidad para cumplir con su tarea. Sólo así se cambiará la imagen de la Asamblea Legislativa, que ha venido siendo tan cuestionada por todos los sectores panameños.
En repetidas ocasiones hemos cuestionado a los partidos políticos, porque son ellos, en gran parte, culpables de que esta situación se esté dando, ya que las postulaciones se hacen en base a intereses partidistas y a ambiciones personales y nunca mirando las verdaderas necesidades del país.
El amiguismo, la componenda y el cálculo politiquero han continuado determinado la postulación de muchos legisladores. Así las cosas, el electorado debe estar vigilante y preparado para frenar las ambiciones de los muchos que están tras la reelección, gracias la poder económico y políticos que han logrado adquirir en su deficiente e irresponsable actuar en el seno de la Asamblea.
El Organo Legislativo, como otras instituciones del Estado, necesita de una depuración que permita el trabajo programado, constructivo y permanente de los legisladores con deseos de mejorar la imagen de Panamá; hombres y mujeres que sean salvaguarda del respeto y prestigio de este Organo tan desprestigiado.
Muy cerca a la fecha de escoger a los legisladores de la Asamblea Legislativa, el pueblo panameño debe estar consciente de que es necesario echar por la borda a aquellos candidatos que no se han hecho acreedores a la confianza popular, porque en ellos sólo ha habido un deseo de poder político y de enriquecimientos, a costa del humilde pueblo que cometiera el gravísimo error de dar su voto a quienes jamás lo merecieron.
Dolorosamente, son muy pocos los legisladores actuales que están a la altura de dichas responsabilidades, y una gran mayoría de ellos debe dar paso a caras nuevas que aspiran una curul en las elecciones de mayo de 2004.
Si los panameños comenten el error de respaldar con su voto a legisladores que no se han hecho acreedores a una reelección, el país continuará de tumbo en tumbo y su futuro será incierto frente al reto de un centenario cargado de graves responsabilidades.
Casi al final de la administración de la presente Asamblea Legislativa, es muy poco lo que se ha logrado por la solución de álgidos problemas que sufre la nación. Allí están las tarifas de la energía eléctrica, del teléfono, la falta de caminos de penetración, de viviendas, de agua; el problema del agro, de la Caja de Seguro Social, esperando la acción de los honorables "Padres de la Patria", quienes a pesar de los elevados salarios que devengan y de los tantos privilegios, continúan aferrados a la política partidista y a las ambiciones personales.
El caso de CEMIS y el ausentismo permanente son manchas que han empañado la imagen de Panamá, y nos hablan de un órgano del Estado que ha llegado a su máxima corrupción.
El país necesita sabia nueva en el Legislativo, nuevos dirigentes que con estudios nacionales y programas de Estado bien concebidos, colaboren con el gobierno central a enrumbar a la nación por caminos de desarrollo y de progreso; legisladores que crean en los valores éticos y morales y que, desde su curul, sean ejemplo de honestidad, trajo responsable y capacidad para cumplir con su tarea. Sólo así se cambiará la imagen de la Asamblea Legislativa, que ha venido siendo tan cuestionada por todos los sectores panameños.
En repetidas ocasiones hemos cuestionado a los partidos políticos, porque son ellos, en gran parte, culpables de que esta situación se esté dando, ya que las postulaciones se hacen en base a intereses partidistas y a ambiciones personales y nunca mirando las verdaderas necesidades del país.
El amiguismo, la componenda y el cálculo politiquero han continuado determinado la postulación de muchos legisladores. Así las cosas, el electorado debe estar vigilante y preparado para frenar las ambiciones de los muchos que están tras la reelección, gracias la poder económico y políticos que han logrado adquirir en su deficiente e irresponsable actuar en el seno de la Asamblea.
El Organo Legislativo, como otras instituciones del Estado, necesita de una depuración que permita el trabajo programado, constructivo y permanente de los legisladores con deseos de mejorar la imagen de Panamá; hombres y mujeres que sean salvaguarda del respeto y prestigio de este Organo tan desprestigiado.
Muy cerca a la fecha de escoger a los legisladores de la Asamblea Legislativa, el pueblo panameño debe estar consciente de que es necesario echar por la borda a aquellos candidatos que no se han hecho acreedores a la confianza popular, porque en ellos sólo ha habido un deseo de poder político y de enriquecimientos, a costa del humilde pueblo que cometiera el gravísimo error de dar su voto a quienes jamás lo merecieron.