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Darién, entre conservación y oportunidad


Algunos sectores de opinión han manifestado su desacuerdo con la eventual construcción de una carretera que comunique a Panamá con Colombia, rompiendo la densa barrera selvática que dificulta el flujo de personas a través de la frontera entre ambas naciones. Sus razones, al igual que las expuestas por diversas organizaciones ecologistas, son válidas. El Tapón del Darién impide de manera natural el paso de la fiebre aftosa, que afecta al ganado, desde Suramérica. Al mismo tiempo, se estima que la obra pondría en peligro la conservación de una importante reserva biológica que, igual que el Amazonas, es parte del pulmón del planeta.
Fue el presidente Alvaro Uribe, tras su breve visita a nuestro país la semana pasada, el último en plantear la posibilidad de esa construcción. El también tiene sus razones, igualmente válidas. La carretera facilitaría el intercambio comercial entre Panamá y Colombia, generando oportunidad y riqueza en zonas muy pobres e incomunicadas.
Es una realidad que con sus ventajas y desventajas, la inversión colombiana vino a suplir en parte el retiro de las tropas norteamericanas que estaban estacionadas en suelo panameño antes de la entrega del Canal en diciembre del 2000. Un enorme flujo de dinero sustraído fue sustituido por otro.
Esa inversión ha sido beneficiosa para Panamá y podría multiplicarse sustancialmente con una carretera que, además, sería la puerta de entrada del país hacia el mercado andino y viceversa hacia Centro y Norte de América. Nuestra nación fortalecería su sempiterno papel de puente continental, beneficiándose grandemente con ello.
En cuanto al factor de la violencia en Colombia, que presiona también sobre Panamá, precisamente a través de Darién, acompañada de una creciente migración ilegal, no siempre deseable, la ausencia de la carretera es un inconveniente. Igual que para los incas y romanos, estas extensas vías terrestres tenían el doble propósito de incrementar el comercio y la riqueza, salvaguardar la seguridad de sus imperios y extender allende sus dominios. Al contrario, sin esa carretera, ambos no hubieran alcanzado el desarrollo que lograron. Panamá, proporciones guardadas, igual.
Pero reconocemos el compromiso ecológico con el mundo y lo estimamos, por el momento, superior. No obstante, las naciones más ricas que se benefician con el sacrificio de Panamá, igual que Brasil, renunciando a la plena explotación de sus recursos naturales, debieran compensarnos justamente por ello. En su oportunidad, esas naciones fundaron su desarrollo a costa del sacrificio del medio ambiente. Justo es que, si desean que sigamos el camino contrario del conservacionismo, ayuden a proveernos alternativas equivalentes.

101 años de Panamá América

 
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