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Darién y sus colaterales


Por ser un tema sumamente preocupante, me referiré al problema surgido en Darién, no sin antes hablar de la falta de seriedad con que se ha manejado por varios años, a pesar de las constantes voces de alarma que caracterizaron a Monseñor Rómulo Emiliani, sin que se le tomara en cuenta.
Hacía escasamente dos semanas que el distinguido prelado había sido escueto en sus declaraciones en los Estados Unidos y a pesar de sus advertencias, se necesitó que una inocente niña muriera para que nuestro gobierno se designara atender lo que a primera vista resulta una imperdonable apatía por los problemas nacionales.
Según el ejército colombiano, ya se había alertado a los nuestros sobre el plan que se cernía sobre nuestros compatriotas y, aparentemente, no se hizo caso. Sin embargo, nuestro gobierno ha negado tal afirmación. Hace algún tiempo me referí al peligro sobre nosotros, al salir el ejército norteamericano del país, por el hecho que ellos representaban un freno para cualquier movimiento armado que se diera aquí. Sabemos que no contamos con el ejército que nos sojuzgó por veintiún años, gracias a Dios y lo que puede hacer la Policía Nacional, no es mucho.
Existe en la ONU un ejército que puede ayudarnos a salvaguardar nuestra soberanía y democracia, sin tomar en cuenta la recomendación de un general de espada virgen, que ofrece elementos castrenses ya conocidos para defender nuestras fronteras. Esto equivaldría a darle las llaves al ladrón, como reza el refrán.
Debemos tener cuidado con lo que puede sobrevenir, porque en cualquier momento nos aplican los tratados canaleros y negociado o no, tendremos la presencia del ejército más poderoso del mundo en nuestras tierras, con el sólo hecho que ellos unilateralmente determinen que la seguridad del Canal de Panamá está en peligro.
En la forma que se viene administrando el país, estamos condenados a seguir a la deriva, con el consecuente estado de deterioro económico, que a todas luces no toca fondo por ahora.
Se sigue cerrando calles y vías a lo largo y ancho de la nación y el Ministerio de Gobierno sólo se dedica a proferir amenazas que sirven para que los eternos descontentos se rían de la administración de justicia y como si fuera poco, la delincuencia aumenta en cifras desproporcionadas. Sabido es que la falta de trabajo induce al delito y muchos buscan la forma de proveer a los suyos a costa de robos y asaltos, mal que tendremos que vivir con él. Lo imperdonable es que muchos que están comiendo delinquen, sin importarles la posición que ocupan. Caso específico el escándalo del Registro Público.
Hace algún tiempo que se publicó un informe sobre cantidad grande de cemento que entró al país, en forma no muy clara y, aparentemente, esto quedó en el misterio. Se dice que cuando los funcionarios de aduana aprietan, más arriba los aprietan a ellos y hasta allí llega la investigación. Como siempre hay favoritos en todos los gobiernos y éstos son intocables.
Pareciera que no se quiere pisar callos, porque los que pueden poner orden están pensando en sus intereses políticos, sin importarles con lo de las comunidades, aunque estamos todavía a casi cuatro años de las próximas elecciones y a los poderosos, que son los que financian, hay que tenerlos de su lado.
Un día se me ocurrió decir a un extranjero, quien ha convivido con nosotros por muchos años, que nuestro país está corrompido y me respondió con sorna: No es el país, son los paisano.
Esperamos que se enmiende la línea del gobierno, a ver si tocamos fondo y salimos a flote. Esto se puede lograr si pensamos primero en Panamá y luego en nuestros intereses.

101 años de Panamá América

 
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