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De ayer a hoy


En dos días terminará este año. A pesar de que nos encontramos inmersos en los ritos propios de la época, se percibe una preocupación sobre el deterioro económico en todos los estratos de nuestra sociedad. Por tal motivo es necesario definir acciones concretas sobre temas vitales para con el buen andar de nuestro país y su esquema de desarrollo.
Los indicadores financieros no fueron para nada halagadores durante el 2001. La bonanza de años anteriores se ha desvanecido paulatinamente, y existe una ansiedad constante frente a las transformaciones que deberemos llevar a cabo para afrontar los retos que demanda el nuevo orden global. La fórmula - indefinida aún - tendrá que establecer cuánto dar y cómo hacerlo.
La reciente debacle ocurrida en la República de Argentina debiera ser motivo suficiente para repasar detenidamente nuestros objetivos nacionales a corto y mediano plazo. Pensar que ese desbarajuste socioeconómico explotó en uno de los Estados más ricos de Latinoamérica - coincidentemente en el momento que su agroindustria produjo suficiente grano para alimentar a la República Popular China - es asunto que demanda valorar, en toda su dimensión, los propósitos que persiguen quienes establecen las políticas de conducción en nuestros países.
Las medidas adoptadas por el nuevo presidente argentino -el peronista Adolfo Rodríguez Saá- son tan drásticas como la situación que sofoca a la nación entera. Algunas de ellas, particularment,e eliminar 9 ministerios para operar con sólo 3 ( Cancillería, Interior y Trabajo), fijar el tope de salario público en 3 mil dólares (igual a ése que devengará él como presidente), congelar todas las vacantes de la función pública y vender ciertos activos del Estado, están encaminadas a reducir de golpe la monstruosa burocracia existente. Las otras dos - suspender el pago de una deuda pública estimada en 132 mil millones de dólares y crear una tercera moneda paralela - parecieran ser la fórmula propuesta por el actual gobernante para capear la muy crítica situación de iliquidez que afecta las arcas de este país suramericano.
¿Cómo llegó la República de Argentina a la espantosa situación que ha afectado, medularmente, sus estructuras administrativas y el bienestar socioeconómico de todos sus moradores? Por una irresponsabilidad sin nombre, tanto de gobiernos corruptos como de instituciones internacionales que auparon una inmoralidad sólo comparable a la hecatombe donde se encuentra sumida hoy sin razón alguna.
¿No recibió la República de Argentina infinidad de préstamos para los tristemente célebres ajustes estructurales que demandaban, tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco Mundial? ¿No acataron también los lineamientos de estas mismas instituciones para llevar a cabo las privatizaciones que ellas requerían y así globalizar el mundo entero al antojo de sus nuevos modelos económicos? ¿ Y qué del ahorro nacional que - en teoría - sería empleado para amortizar los efectos que estos cambios producirían dentro de las finanzas del hermano pueblo sureño?
La similitud con la situación local es en extremo preocupante. El dinero que generaban las empresas eléctricas y de comunicaciones, especialmente el excesivo gasto en telefonía celular - 50 millones más de lo que aportó el Canal como ganancia al Estado panameño en el año 2001 - van a las arcas de las compañías que prestan dichos servicios en la actualidad. El efímero crecimiento de nuestra economía (2%), sumado al desmedido tamaño y probada ineficiencia de la burocracia istmeña, no auguran mejoría en los tiempos por venir.
Si a eso sumamos la tentación de echarle mano al Fondo Fiduciario para malgastarlo irresponsablemente, tendremos todos los ingredientes que utilizaron los dirigentes argentinos para sumir a esa nación en el desastre en que hoy se encuentra.
Aquí están en juego asuntos muy serios y que exigirán un supremo grado de responsabilidad por parte de quienes vayan a tomar la decisión final. Ojalá no se obnubilen por necedades - como es ya costumbre en nuestro medio - y salvaguarden el beneficio al que tienen derecho las grandes mayorías nacionales. rbermudez@epasa.com

101 años de Panamá América

 
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