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De burros y basura


En la época de las mayores incongruencias de la dictadura (los años ´70), una compañía japonesa propuso al mandamás hacerse cargo de la recolección de la basura en el distrito capital.

Ese asunto pasó a la consideración de una comisión, por supuesto, cuyos integrantes evidenciaron gran interés en saber que ganaban los japoneses en este negocio, ya que en el proyecto de contrato quedaba establecido que no existirían compromisos económicos; su negocio sería clasificar la basura y transportarla y negociarla en donde ellos a bien tuvieran.

Cuando la comisión tuvo su informe listo, pidió una cita con ya ustedes saben quien, quien en ese momento se enteró de que el informe y su conclusión eran verbales, y se condensaba en la nunca bien ponderada y patriótica sentencia de que, “la basura era panameña y se quedaba en Panamá”. Esto cuadraba con la falacia nacionalista de esos tiempos.

Recientemente, las noticias internacionales destacaron que en Italia, el alcalde de la ciudad de Casterbuono, Mario Cicero, había sentado pautas ambientalistas al eliminar los camiones recolectores de basura, reemplazándolos con burros en cuyos costadas se acomodan jabas en las que se va depositando la basura que los italianos han aprendido clasificar, lo que nos da un margen de posibilidades que nosotros también, algún día, también lo logremos.

El mayor inconveniente que se presentó fue a nivel humano, ya que los empleados municipales, inicialmente se negaban a ir al lado de los burros, ya que eran motivos de burlas y bromas. Pero ante el éxito del experimento, todos lo han aceptado con criterio ecológico.

De cualquier manera en Panamá tenemos gente con experiencia en asuntos de animales y basura, y además no creo que nos hagan falta burros. Aunque no hay que olvidar que una cosa piensa el aludido y otra el que lo monta.

101 años de Panamá América

 
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