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De buses y paseos


Empezó el verano y con él la época de los paseos en buses. Cada fin de semana, la Interamericana se satura de centenares de diablos rojos que repletos de gente y desde todos los rincones de las ciudades de Panamá, Colón y La Chorrera, incursionan hacia el interior del país, en busca de recreación, sobre todo en ríos y playas.
Mucho de comicidad y tragedia hay en lo que a simple vista luce como una inocente excursión. Entre lo primero se cuenta por ejemplo la presencia de una docenas de los enormes buses en una de las estrechas calles que conducen a Punta Barco. Nos referimos a la vía que conduce a la playa y que pasa a la derecha de las lujosas villas del mismo nombre, una de las cuales pertenece y fue sello distintivo del Presidente Pérez Balladares.
Es cómico ver al grupo de diablos rojos atorados en la estrecha calle, cada uno luchando por ganar algún espacio para estacionarse, armar tres piedras para calentar un cocinado o simplemente para hacer pipí. Y peor es cuando tratan de dar la vuelta, procurando no caer al precipicio que se cierne a ambos lados de la vía. Obviamente que en este negocio para nada importan los autos particulares, ni que su conductor sea dueño de lote o casa en el lugar. Con un poco de suerte, a duras penas logrará enhebrar su 4x4 entre dos mastodontes y un par de cientos de peatones. No faltará algún insulto acompañado de la amable sugerencia de que se marche a otro sitio. Pero en fin, a partir de lo ocurrido a la garita de Coronado, hay más conciencia de que la playa es de todos y no sólo de los ricos.
La tragedia empieza por los accidentes de tránsito, los ahogados, las reyertas y peleas, los baleados, heridos y apuñalados que visten y alegran cada lunes las portadas multicolores de nuestros tabloides. También es tragedia para los desgraciados conductores de ambulancias, forzados a conducir a velocidad de vértigo para ir en auxilio de algún accidentado o víctima.
Pero también se suman los desalmados que se auto califican de "trabajadores del volante" que trasladan hacia el tranquilo interior sus vicios de manejo de buses, ensayando impunemente toda la gama de infracciones usuales y hasta creando algunas nuevas, mientras sus colegas se contagian con la mala práctica, con doloroso saldo de muertes.
También es trágico el deterioro y la contaminación inmisericorde del medio ambiente. Los ríos y playas quedan hechos un muladar con todo tipo de excretas y lo que es peor, de botellas, vidrios, papel de aluminio, toallas sanitarias, pañales, bolsas plásticas, latas de cerveza, platos de cartón, cubiertos de plástico y otras inmundicias que terminan depositadas en el lecho de ríos, quebradas y en las playas, entremezclados con la arena.
Urge regular estos paseos y prestarles más vigilancia. Al mismo tiempo, se requiere hacer una labor de docencia entre los conductores y organizadores, para que adquieran sentido de responsabilidad con el medio ambiente y su limpieza en cada lugar que visiten.


101 años de Panamá América

 
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