De calles y camiones
Originalmente lo hacían únicamente por Vía Cincuentenario, pero últimamente han diversificado sus rutas a casi toda la urbe y con ello el peligro de accidentes. Se les ve por todos lados, por las vías Brasil, España, calle 50 e incluso por estrechas y endebles calles de asfalto de uso residencial.
El resultado es un desastre: fracturas de losas, hundimientos, baches, tranques, ruido y contaminación excesiva, y diseminación de material pétreo el cual está propenso a golpear transeúntes, romper parabrisas y estropear carrocerías al ser lanzado por las ruedas de otros vehículos.
Como solución para prevenir accidentes y disminuir las incomodidades, hemos propuesto limitar el tránsito de esos vehículos a horas nocturnas de menor circulación, a lo que debemos añadir la limitación al uso de ciertas vías, de modo que el resto de la ciudadanía pueda evitar en lo posible todo contacto con dicho equipo.
Del mismo modo, deben las autoridades asegurarse de que los camiones estén siempre en óptimo estado, sobre todo los frenos y la dirección, además de las luces y señales. Igual hay que verificar que no excedan los requerimientos legales sobre pesas y medidas, así como los límites de velocidad. Tampoco puede permitirse que anden en caravanas interminables, que hagan imposible a los demás vehículos atravesarla o sumarse al mismo carril. También es menester exigirles un seguro por daños a terceros, acorde con el potencial peligro que representan.
Por último, las empresas que lucran del negocio de transporte de material con equipo pesado, a costa del buen estado de las calles, debieran pagar una tasa especial para reparación y limpieza de las vías, que debe ir a un fondo especial con tal objetivo. Porque no es lo mismo usar las calles razonablemente que servirse abusivamente de ellas hasta destruirlas. Y lo mismo vale para las barriadas industriales y los grandes proyectos de construcción.
El resultado es un desastre: fracturas de losas, hundimientos, baches, tranques, ruido y contaminación excesiva, y diseminación de material pétreo el cual está propenso a golpear transeúntes, romper parabrisas y estropear carrocerías al ser lanzado por las ruedas de otros vehículos.
Como solución para prevenir accidentes y disminuir las incomodidades, hemos propuesto limitar el tránsito de esos vehículos a horas nocturnas de menor circulación, a lo que debemos añadir la limitación al uso de ciertas vías, de modo que el resto de la ciudadanía pueda evitar en lo posible todo contacto con dicho equipo.
Del mismo modo, deben las autoridades asegurarse de que los camiones estén siempre en óptimo estado, sobre todo los frenos y la dirección, además de las luces y señales. Igual hay que verificar que no excedan los requerimientos legales sobre pesas y medidas, así como los límites de velocidad. Tampoco puede permitirse que anden en caravanas interminables, que hagan imposible a los demás vehículos atravesarla o sumarse al mismo carril. También es menester exigirles un seguro por daños a terceros, acorde con el potencial peligro que representan.
Por último, las empresas que lucran del negocio de transporte de material con equipo pesado, a costa del buen estado de las calles, debieran pagar una tasa especial para reparación y limpieza de las vías, que debe ir a un fondo especial con tal objetivo. Porque no es lo mismo usar las calles razonablemente que servirse abusivamente de ellas hasta destruirlas. Y lo mismo vale para las barriadas industriales y los grandes proyectos de construcción.