De candidatos presidenciales y un mensaje al corazón...
Valdrá la pena levantarse temprano y hacer fila para ir a votar en mayo del 2004? Esa es la pregunta obligada ante la incertidumbre política que se vive en Panamá. Por lo que se puede observar, el panorama actual está congestionado por demasiadas figuras públicas que se están perfilando y que, en mi opinión muy personal, no podrán llenar las expectativas que tiene el pueblo panameño sobre quién debe ser el próximo presidente de Panamá.
Estaremos tomando el tiempo necesario para reflexionar y preguntarnos, ¿qué nos pueden ofrecer estos candidatos? De seguro nos tratarán de vender "gato por liebre", haciéndonos creer que realizarán milagros; aunque en lo concreto, en la praxis, se van a volver puro "tilín tilín y na" de paleta" (espere y verá).
Siempre he creído que los comicios electorales son, en sí, un acto de fe. Porque, a ciencia cierta, no podremos saber si las intenciones de los aspirantes son auténticas, sino hasta que ocupen el solio presidencial. (Y los ejemplos sobran).
Los panameños vamos a votar con la confianza depositada en los candidatos que apoyamos; esperando que éstos nos traigan un mejor mañana, con igualdad de oportunidades sociales, económicas y por qué no, políticas; pero terminamos engañados al final, de una u otra forma. Tratan, durante la candidatura, de comprar conciencias con comida, gasolina, regalos y promesas banales. Sin embargo, aquellos que caen no tienen la culpa, porque saben que esas dádivas son la única compensación que recibirán, en cinco años, por su voto. (Allí es donde nace el "juega vivo").
¿Qué necesitamos entonces? Un candidato que posea tres cualidades sumamente sencillas, que rayan quizás en lo utópico: perseverancia, principios ético-morales y sentido cristiano. Sobre todo este último, el más importante; que le permita a un mandatario, mientras se viste de Gucci, Oscar de la Renta o Versace, recordar que tiene un prójimo al que le hace falta zapatos y vestidos; que le enseñe a basar su gobierno en el amor hacia sus semejantes y que lleve una luz de esperanza a todos los panameños, en especial a los que viven en las montañas, en la campiña y otros lugares insospechados.
Lo que no necesitamos son parapetos de cristianos (que de por sí abundan), aquellos "pseudo creyentes" que comulgan sólo para hacer la carantoña y hacen donativos insulsos que no merman el hambre de sus "hermanos en Cristo".
En lo personal, no pido que el próximo presidente sea egresado de Harvard, Yale o West Point, menos que posea un postgrado, una maestría o un doctorado (aunque no vendría mal); simplemente que tenga ganas de trabajar por este país y, sobre todo, que sea ético, honesto, íntegro y "ehao" pa" lante".
Aunque no es una alternativa (por el momento) sí existe alguien que cumple con estos requisitos. Él es un claro ejemplo de tesón, sacrificio, autoridad moral, cristianismo y carácter. Se llama Rómulo Emiliani.
Quizás sea difícil contar con él como candidato presidencial, por su investidura, pero sin duda alguna sería una verdadera "tabla de salvación" para todos los panameños. Con monseñor Emiliani como mandatario se podría demostrar que en Panamá todavía se respeta la dignidad del hombre.
A lo mejor estoy pecando de idealista por lanzar esta idea; no obstante, tengo el derecho de hacerlo. Estoy harto de ver cómo este país, a cien años de edad, y bendecido en sinnúmero de aspectos, se sigue hundiendo en el mar de la corrupción y la desgracia, que han creado aquellos que sólo saben valerse de sus posiciones gubernamentales para pedir canonjías, que van en detrimento de los conciudadanos.
Que Monseñor Emiliani sea Presidente de la República no es una idea descabellada, es un llamado a la razón. Sólo haría falta la dispensa papal; porque sé que de su pueblo panameño puede esperar apoyo incondicional. Monseñor Emiliani... ¿Aceptaría el reto?
(jayamal@hotmail.com)
Estaremos tomando el tiempo necesario para reflexionar y preguntarnos, ¿qué nos pueden ofrecer estos candidatos? De seguro nos tratarán de vender "gato por liebre", haciéndonos creer que realizarán milagros; aunque en lo concreto, en la praxis, se van a volver puro "tilín tilín y na" de paleta" (espere y verá).
Siempre he creído que los comicios electorales son, en sí, un acto de fe. Porque, a ciencia cierta, no podremos saber si las intenciones de los aspirantes son auténticas, sino hasta que ocupen el solio presidencial. (Y los ejemplos sobran).
Los panameños vamos a votar con la confianza depositada en los candidatos que apoyamos; esperando que éstos nos traigan un mejor mañana, con igualdad de oportunidades sociales, económicas y por qué no, políticas; pero terminamos engañados al final, de una u otra forma. Tratan, durante la candidatura, de comprar conciencias con comida, gasolina, regalos y promesas banales. Sin embargo, aquellos que caen no tienen la culpa, porque saben que esas dádivas son la única compensación que recibirán, en cinco años, por su voto. (Allí es donde nace el "juega vivo").
¿Qué necesitamos entonces? Un candidato que posea tres cualidades sumamente sencillas, que rayan quizás en lo utópico: perseverancia, principios ético-morales y sentido cristiano. Sobre todo este último, el más importante; que le permita a un mandatario, mientras se viste de Gucci, Oscar de la Renta o Versace, recordar que tiene un prójimo al que le hace falta zapatos y vestidos; que le enseñe a basar su gobierno en el amor hacia sus semejantes y que lleve una luz de esperanza a todos los panameños, en especial a los que viven en las montañas, en la campiña y otros lugares insospechados.
Lo que no necesitamos son parapetos de cristianos (que de por sí abundan), aquellos "pseudo creyentes" que comulgan sólo para hacer la carantoña y hacen donativos insulsos que no merman el hambre de sus "hermanos en Cristo".
En lo personal, no pido que el próximo presidente sea egresado de Harvard, Yale o West Point, menos que posea un postgrado, una maestría o un doctorado (aunque no vendría mal); simplemente que tenga ganas de trabajar por este país y, sobre todo, que sea ético, honesto, íntegro y "ehao" pa" lante".
Aunque no es una alternativa (por el momento) sí existe alguien que cumple con estos requisitos. Él es un claro ejemplo de tesón, sacrificio, autoridad moral, cristianismo y carácter. Se llama Rómulo Emiliani.
Quizás sea difícil contar con él como candidato presidencial, por su investidura, pero sin duda alguna sería una verdadera "tabla de salvación" para todos los panameños. Con monseñor Emiliani como mandatario se podría demostrar que en Panamá todavía se respeta la dignidad del hombre.
A lo mejor estoy pecando de idealista por lanzar esta idea; no obstante, tengo el derecho de hacerlo. Estoy harto de ver cómo este país, a cien años de edad, y bendecido en sinnúmero de aspectos, se sigue hundiendo en el mar de la corrupción y la desgracia, que han creado aquellos que sólo saben valerse de sus posiciones gubernamentales para pedir canonjías, que van en detrimento de los conciudadanos.
Que Monseñor Emiliani sea Presidente de la República no es una idea descabellada, es un llamado a la razón. Sólo haría falta la dispensa papal; porque sé que de su pueblo panameño puede esperar apoyo incondicional. Monseñor Emiliani... ¿Aceptaría el reto?
(jayamal@hotmail.com)