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De comentaristas y credibilidades


A pesar de que nunca antes como ahora los públicos de la comunicación social han estado mejor servidos, gracias al profesionalismo, los medios no se libran de ser cuestionados en cuanto a su credibilidad, por causa, en parte, de la corrupción globalizada que está dañando la fe pública. Casi todo está en duda en estos días. Aceptamos sin malicia el papel moneda que nos dan los bancos, pero, el mismo pasa por un registro con nuestra firma cuando lo usamos para comprar.
El más codiciado galardón sin el cual colapsan los más importantes valores de la sociedad, es la credibilidad. Todos quieren merecerla y disfrutarla: medios, políticos, gobernantes, empresarios y educadores. Son múltiples y y de muy variada índole las formas de lo creíble.
La credibilidad es frágil y está sujeta a diversas motivaciones. El mensaje tiene más posibilidades de ser creído, aun cuando no se base en un hecho cierto, cuando coincide con ideologías, intereses y puntos de vista del perceptor. La influencia de la familia, del amigo y del jefe en el trabajo pueden predisponernos a creer como ellos para no desentonar.
Aspectos tan complejos y sensitivos como la credibilidad y la opinión no pueden ser tratados con amplitud en el espacio limitado de una columna.
La credibilidad ha sido definida por los autores Everett Rogers y Rekha A. Rogers como "el grado hasta el cual una fuente o canal de comunicación es percibido por un preceptor como digno de confianza y competente".
El grado parece indicar la medida de aceptación que el preceptor le da al hecho que se le comunica. El aspecto de la competencia parece referirse a la seguridad que hay que tener de que el asunto le compete a la fuente o emisor, y a la necesidad de que la fuente o emisor tenga un conocimiento verdadero. Sobre un tema de la salud, por ejemplo, el médico tendrá más credibilidad que el abogado.
La interpretación y la explicación de las noticias siempre han sido un complemento obligado de ciertas informaciones que por sí solas no bastan para una comunicación óptima. Juan Beneyto considera que el paso de información no implica el paso de comunicación. Para el autor Kimball Young, una opinión es una creencia sobre un tema controversial, que ha de estar basada en la interpretación valorativa y el significado moral de ciertos hechos. El francés Gaston Berger señala que el componente esencial de la opinión es la discusión, y que una opinión sólo puede afirmarse frente a otra opinión opuesta. En el mismo orden, Luis González Seara plantea que toda opinión pública implica la presencia de otra opinión distinta, y que por eso la opinión pública siempre está dividida.
La presencia de opiniones opuestas es un signo de imparcialidad en todo debate, y además, una muestra de que se busca sinceramente la verdad.
El comentarista de la radio y la televisión, como el columnista del periódico, no deben eludir el compromiso implícito de asumir una parcialidad. Tienen que apoyar algo o combatir algo. Defender y atacar son mecanismos obligados del debate periodístico. A riesgo de equivocarse y de correr otros riesgos, comentaristas y analistas de la radio y la televisión, columnistas del periódico y periodistas investigadores presentan las noticias al desnudo, y explican las causas, efectos e implicaciones del hecho. La buena fe y la búsqueda de la verdad son sus reglas de oro, y la libertad con responsabilidad, su norma moral de trabajo.
Cuando Thomas Paine fue acusado de cometer un error en la publicación de los Derechos del Hombre, en un sonado juicio ventilado en el siglo XVIII en Estados Unidos, John Erskine, John Milton, escribió en su alegato: "La proposición que pretendo sostener como base de la libertad de prensa y sin la cual ésta no es más que un sonido vacuo, es la siguiente: Todo hombre que no tenga la intención de engañar, sino que procure ilustrar a los demás con lo que su propia razón y conciencia le hayan dictado, no importa cuán erróneamente, como verdad, pueda dirigirse a la razón universal, ya sea acerca de temas de gobierno en general, ya sea de su propio país particular".
Analistas, comentaristas y columnistas de los medios de comunicación social, son elementos muy valiosos en la formación de la opinión pública.

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