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De crisis en crisis



La situación por la que atraviesa la prestación del servicio público de transporte de pasajeros, particularmente en el área metropolitana incluida Arraiján, La Chorrera, San Miguelito y Panamá Este, es de crisis permanente.
Además, se trata de una crisis crónica, de esas que no se espantan con paños de agua tibia, sino que permanecen adheridas "ab eternum" al cuerpo que las padece, a menos claro está, que se la trate con la medicina adecuada y, cuando se requiera, con medidas heroicas. Y allí es donde radica el problema. No ha habido quien parezca estar dispuesto a ponerle el cascabel al gato del transporte.
La dirigencia transportista de los dueños de buses, acostumbrados a imponer sus decisiones debido a la debilidad demostrada por todos los gobiernos, nunca ha tenido la mínima intención de prestar ese servicio público con esmero ni con la calidad adecuada.
Cuando situación similar sucede en cualquier parte del mundo, alguna autoridad mete en cintura al prestador omiso del servicio para obligarlo a brindarlo con calidad, con oportunidad y con suficiencia. Pero en Panamá, los omisos suelen ser también los gobiernos.
Sin embargo, la administración del presidente Torrijos se propone cambiar el sistema caótico que ha imperado en Panamá durante los últimos 35 años y esto, lo saben los transportistas, está a la vuelta de la esquina. Por eso, libran ahora la que pudiera ser su última batalla y para ello tratan de extorsionar al gobierno solicitando un aumento del pasaje, que en nada toma en cuenta al pasajero, quien resulta ser el que en últimas quedaría condenado a pagar más por el mismo pésimo servicio que a duras penas se le brinda, con riesgo de su vida y su dignidad.
El público le pide a gritos al gobierno que no se deje chantajear por la mafia del transporte y que esta vez acate el mandato que recibió.

101 años de Panamá América

 
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