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De Cuenca, intriga y verdad


La subversión anarquista de las izquierdas infiltradas en diversas asociaciones continúa envenenando la convivencia y condenando a los pobres a hundirse más en el fango de los resentimientos que profundizan su pobreza. Esto es tanto más triste y escandaloso cuando el mal está enquistado en la Iglesia. Esa venenosa versión de la Teología de la Liberación denunciada por el Papa, sigue ejerciendo su malignidad disfrazada de amor por los pobres. En diversas partes de nuestra patria, cada vez que se trata de desarrollar un proyecto de beneficio nacional surgen facciones locales aupados por agitadores. El resultado es frenar el desarrollo, mantener a los pobres pobres y la reducción de todos a ese estado.
Luis Gonzalo Matec ha escrito un artículo que dice: "La modernización del Canal no debe ser excusa para la construcción de embalses, con el interés mezquino de vender energía eléctrica, destruyendo, arrasando la diminuta geografía panameña". Hace una acusación absurda y difamatoria que él no puede demostrar. La producción de electricidad sería un subproducto de gran valor para el desarrollo -cosa que detestan los amantes de la pobreza-, pero que sólo se justifica como subproducto y que por sí no sería rentable. Es una sandez pensar que alguien haga tal cosa para lucrar. El que tal cosa destruya y arrase con la geografía panameña en vez de contribuir a su diversidad es una apreciación subjetiva.
Dice que: "Las ciudades de Colón, La Chorrera, Arraiján y Panamá sólo gastan al día en agua, lo que necesitan cuatro esclusajes, cuatro barcos". ¿Sólo? Ese es el 10% de la capacidad del canal. Ese consumo de agua va aumentando vertiginosamente y pronto va a requerir el 25% de la capacidad del canal. Dice que "no se necesitan los embalses, hay estudios serios que lo prueban". Cosa que no es cierta. La misma ACP está haciendo los estudios y conoce todos esos argumentos, y si bien hay algunas alternativas para ejecutar como medidas previas, a la larga se va a necesitar el agua de la cuenca occidental. ¡Qué fácil es desinformar!
l sí no dice que fue la sociedad civil reunida en Coronado la que recomendó que se le diera a la Autoridad del Canal de Panamá esa potestad de manejar la Cuenca por encima de todas las otras instancias gubernamentales. l tampoco dice que la Autoridad del Canal coordina con las otras entidades a través de la Comisión Interinstitucional de la Cuenca Hidrográfica (CIICH), donde Cáritas Arquidiocesana está representada -¡Ah, pero él y los suyos no se entienden con Cáritas Arquidiocesana!-. l no dice que ellos no colaboran en las reuniones en que la ACP y la CIICH se reúnen con los campesinos, o que hay muchos campesinos que apoyan los proyectos. Tampoco dice que hay proyectos de gran importancia para el desarrollo de los moradores y la agricultura del área, que es de las más pobres de la República por su aislamiento y la dispersión en la que viven sus pobladores. Estos proyectos se deben llevar a cabo antes de que se hagan embalses.
Hay una vieja lucha entre Cáritas Pastoral Social y Cáritas Arquidiocesana. La primera es una institución que sigue los lineamientos de la Teología de la Liberación en sus formas más extremas. La segunda responde a una versión moderada. En torno a la primera, algunos parecen vinculados a los frecuentes motines y refriegas callejeras de los movimientos de izquierda nacional, promoviendo el odio de clases y no la solución de los problemas. No sé qué entienden por "cáritas", pero no parece que sea el amor en la dimensión de la cruz, el amor aún al enemigo, el amor de Jesucristo.
Comprendo que no todos compartan la idea de que "...un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía..." (Juan Pablo II, Centesimus annus) sea el mejor camino para solucionar la pobreza y respetar la dignidad de la persona, pero de ahí a confundir la incitación a la rebelión y la lucha de clases con el profetismo de Amos, o con el mensaje de Jesucristo, hay una gran distancia. Esta situación incumbe a la Conferencia Episcopal de Panamá. Si no mira a su propia casa y la pone en orden, ¿cómo podrá exigirlo al resto de la sociedad? ibennett@cwpanama.net

101 años de Panamá América

 
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