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De Gaitán a Borges


El escenario nacional no me motiva a escribir de él, pero el refugio que da la lectura, me permite hoy hacer una ilación de ideas en torno a dos figuras latinoamericanas que en sus tiempos marcaron destinos y referencias.

La lectura placentera de las columnas de Carlos Iván Zúñiga y de Mario Vargas Llosa el sábado y domingo pasados se refieren a estos dos personajes. Jorge Eliécer Gaitán en Colombia y Jorge Luis Borges en la Argentina. Zúñiga se refiere al aniversario de la muerte de Gaitán y abunda en detalles de lo que fue ese líder político en Colombia y las esperanzas de conquistas sociales que se truncaron con su asesinato y que aún, coincido con él, la lucha es larga y cruel por obtenerlas. Otros amigos colombianos que lo conocieron me han hecho similares comentarios del hombre y su tiempo, así como de otro, Luis Carlos Galán, también asesinado y que dejó plantada otra incógnita en Colombia.

En junio de 1994, en Cartagena, compartimos una cena junto a Fidel Castro entre otros y demoramos una amena tertulia dentro de la cual nos narró, si mi memoria no me traiciona, lo que él experimentó ese día estando en Bogotá en alguna reunión de estudiantes. Concluyo de la mención a Gaitán, que eran épocas de ideologías y en donde las pugnas entre ellas producían mística, discusión y enfrentamiento en la población, escenarios distantes hoy de nuestra política, más populachera que pensadora.

Vargas Llosa, rememora la Argentina de Borges, y dice que "es una de las cosas más notables que le ha pasado a la Argentina". No tengo la visión de Vargas Llosa para decir algo así, pero leyendo a Borges se da uno cuenta de la esencia misma de su profundidad literaria, atrevida y quizás arbitraria. Ubica, otra vez, al hombre y su tiempo. Facundo Cabral, quien confiesa una gran amistad con Borges al haberle compuesto una canción sin conocerlo y que motiva esa relación, cuenta que una vez dando un paseo por Buenos Aires con Borges, alguien le gritó: "adiós viejo reaccionario" y que Borges siguió caminando inmutable. Cabral, al cabo de unos minutos, le preguntó que si no había oído el epíteto lanzado y éste le contestó que si y que debía ser por dos razones: "la primera porque me ha leído. La segunda, porque no me ha leído". Vargas Llosa marca el deterioro de la Argentina de ayer con la de hoy en donde los "piqueteros" y las circunstancias podrían estar generando, y esto lo agrego yo, una revolución social, que al decir de Vargas Llosa, es la "involución del país más educado de América Latina" hacia uno en donde "el populismo, la demagogia, el autoritarismo, la dictadura y el delirio mesiánico" la encaminan a su total empobrecimiento y hacerla pasar de Borges a los piqueteros. Triste, pero real.

Ambas lecturas las traigo a Panamá, en donde hay carencias en ambos sentidos. La misión de un Gaitán en la política actual que produzca mística y esperanza sin regalar suéteres o prometer sueños y el debate inexistente sobre cultura y progreso de manera coherente que se plantean en el país, sin un Borges, pero con académicos de la literatura y del pensamiento que poco influyen en la enorme presión social de Panamá, un país con mucho y poco a la vez dentro de si mismo.

101 años de Panamá América

 
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