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De "gobiernos absurdos" y "bebés de pecho"


Por allí hay un dicho que dice que "los pueblos tienen los gobiernos que se merecen". ¿Acaso el pueblo panameño ha sido tan pérfido, marrullero o perverso como para merecerse, cual pago de karma, la administración Moscoso Rodríguez? No creo que los ciudadanos que vivimos en el Istmo debamos aceptar, en forma obligatoria, los errores que el actual gobierno está cometiendo en el manejo del país. En la opinión de la "excelentísima" señora presidenta, y sus colaboradores, este gobierno ha sido el mejor que ha tenido Panamá en mucho tiempo. También consideran que con su actuar están resolviendo los problemas de los pobres y están cumpliendo con aquellas promesas electorales que hicieron. Esto es lo más absurdo que he oído en lo que llevo de existencia.
¿Por qué este gobierno es absurdo e ineficaz? Porque sus altos dirigentes ocupan los puestos públicos gracias a "favores políticos", y no por "mérito propio". En la mayoría de los casos no tienen ni la experiencia ni el conocimiento para dirigir los destinos de sus instituciones. Es similar a decir que son "analfabetas gubernamentales", tema que traté en un artículo anterior.
El problema radica en nuestra Carta Magna, la cual establece, en uno de sus artículos, que para ser presidente de este país sólo se necesita haber nacido en el territorio nacional y contar con 35 años de edad. En resumidas, como dijera alguna vez el "esposo de la viuda", "Hasta un analfabeta puede ser presidente de Panamá".
Aquí es indispensable que los gobernantes cuenten con la más alta preparación académica, empezando por el presidente. Sean además inteligentes, tengan experiencia administrativa, capacidad de discernimiento, cuenten con algo de carisma, sensatez y valores éticos-morales, teniendo a Dios como norte; pero lo más importante es que se rodeen de profesionales idóneos que los asesoren; profesionales experimentados y de una trayectoria personal digna de respeto o admiración.
Por eso los gobiernos de Endara y Pérez Balladares fueron, dentro de lo que cabe, buenos. Porque en ambos, los ex mandatarios reunieron a una "crema y nata" de colaboradores panameños, de todas las áreas sociales, para ejecutar labores públicas en beneficio de los conciudadanos. Fue un equipo de trabajo, así como el "dream team" de la NBA.
Por su parte, en el gobierno de Moscoso toda anda al revés. Tienen a "chiquillitos" o, mejor dicho, "bebés de pecho" dirigiendo los organismos estatales más importantes; los que requieren de una mano dura, sapiencia administrativa y astucia política, de la cual carecen. Aunado a que la preparación académica de éstos, en la mayoría de los casos, no concuerda con las actividades que ejercen. Por ejemplo, está un contralor General que es abogado, un director de la CSS que es economista y varios ministros con "caras de niños", que no saben por dónde "anda tabla".
Es necesario e impostergable que se hagan ajustes constitucionales para la designación de ciertos funcionarios públicos, como el caso de la PTJ, la Policía Nacional, la Contraloría y algunos ministerios "claves", como el de Economía y Finanzas. Que se aplique la norma de "zapatero a su zapato".
La "improvisación administrativa", que tanto ha caracterizado a esta administración, es una de las razones que permite que, casi todos los días, al gobierno de Moscoso se le tache de "corrupto", como cual carta de presentación. Esa misma ineptitud que "generosamente" profesan, ha permitido el paro de los médicos internos, que las escuelas públicas todavía usen máquinas de escribir en vez de computadoras; y que nos hayan aplicado, de "todas maneras", una reforma tributaria digna de repulsión. Una reforma que ha tirado por el piso los beneficios de jubilados y pensionados; una reforma que hace más ricos a los ricos; en fin, una reforma que nos está encareciendo la vida. Sólo resta esperar que, en colectivo, los panameños despertemos de ese letargo que nos impide luchar por nuestros derechos y dejemos de estar sentados "esperando que San Pedro agache el dedo", para que las cosas mejoren. Aquí nada va a cambiar si no empezamos, como ciudadanos, como "fuerza social objetiva", a escoger mejor a nuestros gobernantes y dirigentes, sometiéndolos a un escrutinio más severo. Así evitaremos que nos metan "gato por liebre" en las elecciones de 2004.
Termino contradiciendo al escritor panameño-mexicano Carlos Fuentes, quien sostiene que los hombres "somos esclavos del poder". En el caso particular de los panameños no somos esclavos del poder, sino de nuestra propia ignorancia.
(jayamal@hotmail.com)
(continuará en próxima entrega)

101 años de Panamá América

 
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